curly
Poeta recién llegado
En el azul recodo de la tarde, el susurro del tiempo se descuelga, y en la sombra que acaricia las paredes, se escribe el instante con letras de niebla.
La vida, esa dama imprevisible, baila con el reloj en un vals eterno, dibujando promesas invisibles, mientras la memoria teje su invierno.
No es el reloj quien dicta nuestras horas, sino el latido secreto de los sueños, el latir de la vida que se demora, en abrazos, en risas, en suspiros pequeños.
A veces, el tiempo se disfraza de olvido, otras, nos susurra historias del pasado. Pero siempre, en su curso inadvertido, guarda el eco de lo amado.
En el rincón olvidado de la tarde, donde los sueños susurran despacio, el tiempo se convierte en un amante que guarda caricias en su regazo.
Nos entrega segundos interminables, colores de otoños en ventanas, y nos hace pensar en lo inalcanzable, en amores, en días, en madrugadas.
La vida es una balada sin prisa, un verso que se escribe sin saber, y en el eco de cada risa, el tiempo nos invita a renacer.
Recuerda que en cada pausa escondida, hay un latido que nunca se pierde, y en el reflejo de una vida vivida, el tiempo y la vida siempre se muerden.
El tiempo es un amante silencioso, cuyo abrazo nos envuelve sin prisa, nos susurra un destino caprichoso, pintando en el alma su sonrisa.
Y mientras los días se desvanecen, como hojas que el otoño abandona, la vida y el tiempo enmudecen, cantando juntos una canción lejana.
En cada paso que damos al destino, en cada sueño que buscamos revivir, el tiempo y la vida, en su divino camino, nos enseñan el verdadero arte de vivir.
La vida, esa dama imprevisible, baila con el reloj en un vals eterno, dibujando promesas invisibles, mientras la memoria teje su invierno.
No es el reloj quien dicta nuestras horas, sino el latido secreto de los sueños, el latir de la vida que se demora, en abrazos, en risas, en suspiros pequeños.
A veces, el tiempo se disfraza de olvido, otras, nos susurra historias del pasado. Pero siempre, en su curso inadvertido, guarda el eco de lo amado.
En el rincón olvidado de la tarde, donde los sueños susurran despacio, el tiempo se convierte en un amante que guarda caricias en su regazo.
Nos entrega segundos interminables, colores de otoños en ventanas, y nos hace pensar en lo inalcanzable, en amores, en días, en madrugadas.
La vida es una balada sin prisa, un verso que se escribe sin saber, y en el eco de cada risa, el tiempo nos invita a renacer.
Recuerda que en cada pausa escondida, hay un latido que nunca se pierde, y en el reflejo de una vida vivida, el tiempo y la vida siempre se muerden.
El tiempo es un amante silencioso, cuyo abrazo nos envuelve sin prisa, nos susurra un destino caprichoso, pintando en el alma su sonrisa.
Y mientras los días se desvanecen, como hojas que el otoño abandona, la vida y el tiempo enmudecen, cantando juntos una canción lejana.
En cada paso que damos al destino, en cada sueño que buscamos revivir, el tiempo y la vida, en su divino camino, nos enseñan el verdadero arte de vivir.
AJ. Garcia. Alias perfil. Curly.
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