Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL LADO DEL OTRO LADO.
Pasaron de la mitad del puente de la vida
y este se rompió en mil pedazos,
que cayeron a los ríos gris plomo
donde habitan las ballenas esqueleto,
que devoran, con cien Jonás dentro,
hasta la última astilla de vida.
Se quedan del otro lado y miran
que en el otro los prados son verdes,
el cielo no ha cambiado, es azul
y en este lado, no hay colores mezclados
habitan los grises que copulan con los rojos,
dejando hijos de perlas negras sin brillo.
Justo detrás de ellos, apilados
están los pergaminos con los bordes quemados,
al lado, una daga negra de filo afilado
para cortarse las venas de sus brazos
y escribir con sangre, en el pergamino,
dejando plasmadas sus existencias, del otro lado.
Sale un jorobado, mellado y sin respeto
les quita los pergaminos y arrugándolos,
abre la primera puerta del infierno, en el suelo
arrojándolos al fuego y disfrutando,
como se siente el primer dolor de muerte
en un pecho donde el corazón se derrite, a golpe de llama.
Sin corazón ni sentimiento por sentir
ven como se abre la puerta de la montaña negra,
y pasando su estado a poseídos
se van arrancando los cabellos y la piel,
hasta que se pueda ver un trozo de hueso
para ser besado por los demonios,
que entre risas y palos, les dan la bienvenida.
Van pasando uno a uno, nadie se gira para ver
el lado del otro lado, sólo se escucha,
como se recompone otro puente
para conducir a más, a este lado oscuro.
Pasaron de la mitad del puente de la vida
y este se rompió en mil pedazos,
que cayeron a los ríos gris plomo
donde habitan las ballenas esqueleto,
que devoran, con cien Jonás dentro,
hasta la última astilla de vida.
Se quedan del otro lado y miran
que en el otro los prados son verdes,
el cielo no ha cambiado, es azul
y en este lado, no hay colores mezclados
habitan los grises que copulan con los rojos,
dejando hijos de perlas negras sin brillo.
Justo detrás de ellos, apilados
están los pergaminos con los bordes quemados,
al lado, una daga negra de filo afilado
para cortarse las venas de sus brazos
y escribir con sangre, en el pergamino,
dejando plasmadas sus existencias, del otro lado.
Sale un jorobado, mellado y sin respeto
les quita los pergaminos y arrugándolos,
abre la primera puerta del infierno, en el suelo
arrojándolos al fuego y disfrutando,
como se siente el primer dolor de muerte
en un pecho donde el corazón se derrite, a golpe de llama.
Sin corazón ni sentimiento por sentir
ven como se abre la puerta de la montaña negra,
y pasando su estado a poseídos
se van arrancando los cabellos y la piel,
hasta que se pueda ver un trozo de hueso
para ser besado por los demonios,
que entre risas y palos, les dan la bienvenida.
Van pasando uno a uno, nadie se gira para ver
el lado del otro lado, sólo se escucha,
como se recompone otro puente
para conducir a más, a este lado oscuro.