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El invierno de la espera necesaria

Ansel Arenas

Poeta que considera el portal su segunda casa
El invierno de la espera necesaria


El invierno de la espera

necesaria abúlico

bosteza, con fría

soledad alarga los días,

los que esperan

no creen que la hora más

en cada día,

les alcance para soltar

las brozas

del tiempo sin memoria,

de lo que no se desea

recordar.


Revisar lo qué falta

por hacer,

darse cuenta qué saber

o no, si es mucho

o poco, es como girar

en lenta ronda,

atrapados en la nada

brumosa del olvido.


Si la indecencia pone

en duda lo que somos,

si en lo malo

hay mucho de realidad

y de ficción

de esa que nos pierde,

en sí lo malo no es tan

malo,

pero no es de fiar

y lo bueno no es tan

bueno,

ni es verdad, porque

en su hacer desata

guerras

fratricidas y nos pone

a desconfiar,

hay que pensar acaso

en donde el caos

es menor para sortear

duros naufragios

en las olas confusas

de la vida.


Algo aprendido

en la tormenta de existir

es evitar

insinuarle a la Calaca

ponerle fin

a viejos tratos, sobre

corregir de nuestros

errores

lo malo que dimos

bueno, en lo que nos

reste por vivir,

de lo que tal vez nos

quede poco.


Quizá lo único bueno

en cada última hora

sea seguir

a orillas del arroyo

cristalino

de los que van en pos

de la luz, abriendo

caminos

de bondad de la cual

carecen, los que dan

desprecio

por amor y rehúyen

en la luz, su redención.
 
El invierno de la espera necesaria


El invierno de la espera

necesaria abúlico

bosteza, con fría

soledad alarga los días,

los que esperan

no creen que la hora más

en cada día,

les alcance para soltar

las brozas

del tiempo sin memoria,

de lo que no se desea

recordar.


Revisar lo qué falta

por hacer,

darse cuenta qué saber

o no, si es mucho

o poco, es como girar

en lenta ronda,

atrapados en la nada

brumosa del olvido.


Si la indecencia pone

en duda lo que somos,

si en lo malo

hay mucho de realidad

y de ficción

de esa que nos pierde,

en sí lo malo no es tan

malo,

pero no es de fiar

y lo bueno no es tan

bueno,

ni es verdad, porque

en su hacer desata

guerras

fratricidas y nos pone

a desconfiar,

hay que pensar acaso

en donde el caos

es menor para sortear

duros naufragios

en las olas confusas

de la vida.


Algo aprendido

en la tormenta de existir

es evitar

insinuarle a la Calaca

ponerle fin

a viejos tratos, sobre

corregir de nuestros

errores

lo malo que dimos

bueno, en lo que nos

reste por vivir,

de lo que tal vez nos

quede poco.


Quizá lo único bueno

en cada última hora

sea seguir

a orillas del arroyo

cristalino

de los que van en pos

de la luz, abriendo

caminos

de bondad de la cual

carecen, los que dan

desprecio

por amor y rehúyen

en la luz, su redención.
El invierno, la mejor de las estaciones.
Para soltar la pluma, y bendecir los versos.
Una poesía elocuente.

Saludos
 
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