garnica
Poeta recién llegado
¿Quién habla de vencer? Persistir es todo.
Rainer Maria Rilke
Hay un aguacero en la otra calle
que anticipa tus pasos.
¿Siempre queda tiempo
para escombrar, para fundar?
Ser algo que transmuta siempre, follaje de lo antiguo
que se deja atrás,
(¿qué tan lejos es atrás?)
el traje hermoso y anticuado
del que no quisiste ser.
¿De qué color hay que vestir a la esperanza?
¿Con llanto hay que planchar
el arrugado desaliento?
El instante en que el héroe se quita la armadura
y siente el peso intolerable de su desnudez,
su abismo como una cicatriz
que ya no sabe encontrar;
la desolada hora en que el payaso
a solas se desploma en la silla
y es su corazón un teatro vacío;
cuando el instante es un libro que una mano caprichosa
minuciosamente desescribe
y tus propios pensamientos
son signos que la pared diluye
antes de que alcances a leerlos.
Con llanto hay que teñir el desaliento,
el mismo color de la esperanza.
Todo persistir es parecido a esto:
un rostro que te vuelve a buscar en los cristales
para nuevamente parecerse a ti.
El sonámbulo interroga a la noche;
¿no sabe que la noche misma es la respuesta?
¿Ha intuido alguna vez
que al trasponer la baldía penumbra
lo estará esperando una voz tibia,
un abrazo en la orilla inalcanzable?
Rainer Maria Rilke
Hay un aguacero en la otra calle
que anticipa tus pasos.
¿Siempre queda tiempo
para escombrar, para fundar?
Ser algo que transmuta siempre, follaje de lo antiguo
que se deja atrás,
(¿qué tan lejos es atrás?)
el traje hermoso y anticuado
del que no quisiste ser.
¿De qué color hay que vestir a la esperanza?
¿Con llanto hay que planchar
el arrugado desaliento?
El instante en que el héroe se quita la armadura
y siente el peso intolerable de su desnudez,
su abismo como una cicatriz
que ya no sabe encontrar;
la desolada hora en que el payaso
a solas se desploma en la silla
y es su corazón un teatro vacío;
cuando el instante es un libro que una mano caprichosa
minuciosamente desescribe
y tus propios pensamientos
son signos que la pared diluye
antes de que alcances a leerlos.
Con llanto hay que teñir el desaliento,
el mismo color de la esperanza.
Todo persistir es parecido a esto:
un rostro que te vuelve a buscar en los cristales
para nuevamente parecerse a ti.
El sonámbulo interroga a la noche;
¿no sabe que la noche misma es la respuesta?
¿Ha intuido alguna vez
que al trasponer la baldía penumbra
lo estará esperando una voz tibia,
un abrazo en la orilla inalcanzable?