• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El hombre y la montaña.

Eloy Ayer

Poeta fiel al portal


Erase una vez un hombre que vivía en las afueras de una aldea, vivía solo en una casa que había fabricado él mismo. No sabía aquel hombre el tiempo que llevaba viviendo allí, acaso desde siempre, desde cuando él podía recordar.

Cerca de la casa, hacia oriente, había una montaña.

El lugar donde se asentaba la aldea no era una llanura, era una geografía de altibajos, de valles, pequeñas colinas y oscuros roquedales, pero aquella montaña era algo muy famoso, nombrado e imprescindible para los habitantes del lugar. Alguien, desde la antigüedad, había comparado esa montaña con la muerte y después, los habitantes de la aldea se habían quedado con la copla y habían hablado de ello, creado ciertos sistemas de pensamiento, filosofías para entender las cosas. Pero la montaña no se llamaba “muerte”, sino de otra forma, con otro nombre de tipo natural o geográfico. Los antiguos también lo habían querido así.

En los últimos años, el hombre de la casa había adquirido la costumbre de, cada mañana, irse a cavar a la montaña. Un peregrino le había asegurado, alguien que pasara por allí los años anteriores, que si con su azada conseguía devalar esa montaña, encontraría la respuesta para todos los secretos del mundo.

El hombre ni corto ni perezoso y como no tenía trabajo, ni otra cosa que hacer, pensó dedicar parte de su tiempo a tan tamaña labor y todas las mañanas, o algunas de ellas, salía ufano de su casa después del almuerzo, con la azada al hombro, a cavar la montaña.

Y no es que el hombre no hubiese conseguido alguna recompensa a su trabajo, no, Al principio sí le había costado un gran esfuerzo que la cotidiana labor ofreciese algún resultado. Estuvo desbrozando maleza, machacando las primeras rocas, moviendo porciones de tierra, pero lo que era el paisaje inmediato no se había visto alterado un ápice de su composición anterior.

Pero ahora sí, los vecinos de la aldea acabaron por reconocerlo, había un cierto lugar en la montaña que demostraba que alguien había estado trabajando allí.

Sus vecinos, los habitantes de la aldea, al darse cuenta de tan tamaño intento, le habían llamado loco, desquiciado, y que lo que hacía se encontraba lejos del buen hacer de las cosas. Pero, al final, decidieron entre todos incluir al personaje dentro de los sistemas que ellos tenían para referirse a la montaña. El hombre, entonces, se había convertido en héroe, en leyenda, en algo más para contar.

Así había quedado, pues, la historia del hombre y la montaña. Ahora, por la tarde, justo vuelve, ahí está el hombre que regresa por el camino de vuelta a casa, con la azada al hombro y el hatillo, de cavar la montaña.
 
pues véras, si el género son unos rollos de telas, o trajes hechos a medida y la inversión una entrada de dinero ¿de qué? ¿por dónde? en el banco de la empresa hubo sus dimes y diretes, unos que si todos lo harían que tampoco a la montaña le iba a significar, otros que lo cómodo sería crear nuevos dioses, y los más que tenían otros asuntos. Si va la inversión según género o femeninos o masculinos, no va.
 
No iba por el rollo de lo masculino y el feminismo en sí, solo dentro del lenguaje.
cambian la historia en razón de los intereses del momento. Por lo personajes planos "aldeanos", bien
Sí, al fin y al cabo la idea el dictamen lo marca La Lengua, pero lo que lo promueve, lo que le da vida es el lenguaje.
 
Última edición:
Atrás
Arriba