danie
solo un pensamiento...
Este hábito de un miasma infecto
que trae con afán y acoso las costumbres de la asfixia,
la masa homogénea de pulmones rancios
y las branquias yermas y promiscuas
de un acantilado ejecutor del oxígeno.
Este clima de fiebre
inmiscuido entre los poros abiertos
de la desnuda hemoglobina del aire que respiro,
con apetencias de vinchuca
y ambiciones de gusarapos
copulando con los sueños de la insomne vida.
De un hedor que astilla las mañanas y el aurora,
las calles de mi barrio,
los rascacielos y los edificios,
las avenidas y las autopistas,
las horas pico y su urbanismo;
con su ozono viscoso de pesadillas
de polvo y greda,
de sangre hirviendo en cal viva.
Contaminando con su gas fétido
los suburbios de los bajos instintos,
los más primitivos oídos de los ojos peatones y suicidas,
dando la forma de la muerte
a mis entornos y afectos,
siempre con su reloj convulsionado
y su traje de rutina.
Engendro de conglomerados bullicios,
de un caos precursor que duerme
junto a los menesterosos y mendigos,
en las miradas de las hipócritas paredes y veredas,
en las ruedas de un ajetreo de subtes,
trenes, autos y bocinas.
Siempre con la angustia de llegar a la hora pico,
ahí es cuando más infecta con su roído de cacofonía,
con su predicado y corrupto símbolo de plata,
con su pis úrico bañado de codicia,
con sus oxidadas chimeneas de fabriles aparejos,
trampas mortales de smoke y hollín
que atrapan y ahorcan mi esternón.
Pero siempre revivo de mi sepulcro gaseoso,
de los cauces furtivos y sus jugos pestíferos,
de la basura que deja su emanación
para despertar frente a otra mañana
y su aurora astillada;
nuevamente otro ciclo
y ya no poder escapar de esa viciada rutina.