“Mira luna como salto.
Como mis zarpas alcanzarte quisieran.
Jugar contigo como si fueras
de esponjosa lana, madeja.
Encima de ti dormir;
sobre tu superficie ronronear y soñar
que saboreo un tazón de leche
hasta mis bigotes blancos quedar“.
“Gato de negro pelaje,
de ojos grandes
que amarillos resplandecen,
me rondas cual enamorado
encima del alto tejado
de esta gótica torre.
Todas las noches me contemplas;
todas las noches maúllas
hacia mi corona de estrellas
como si una serenata quisieras regalarme.
¿No te cansas buscando lo imposible,
no ves que a tus patas alas no las sustentan,
que es tu ensoñación locura
que a ningún buen fin te lleva?”.
“Yo suspiro por tu halo mágico,
porque en la noche
dentro de mi piel lates.
Y aunque de loco me tachen,
yo olvidarte no consigo.
Soy feliz al sentir redonda
tu cara revelar.
Es tan hermosa y perfecta,
que sobre mi rabo plantado,
me contento con que tu atención
me devuelvas, aquí abajo”.
Roja se puso la luna
ante las lisonjas del gato.
Muy arriba,
los satélites registraron
algo raro.
Las fotos tomadas
reflejaban
un casi imperceptible cambio.
Sobre el suelo de la luna
una curva se dibujaba,
que mirando con cuidado,
pudiera parecer
una sonrisa traviesa, complacida,
casi humana.
Como mis zarpas alcanzarte quisieran.
Jugar contigo como si fueras
de esponjosa lana, madeja.
Encima de ti dormir;
sobre tu superficie ronronear y soñar
que saboreo un tazón de leche
hasta mis bigotes blancos quedar“.
“Gato de negro pelaje,
de ojos grandes
que amarillos resplandecen,
me rondas cual enamorado
encima del alto tejado
de esta gótica torre.
Todas las noches me contemplas;
todas las noches maúllas
hacia mi corona de estrellas
como si una serenata quisieras regalarme.
¿No te cansas buscando lo imposible,
no ves que a tus patas alas no las sustentan,
que es tu ensoñación locura
que a ningún buen fin te lleva?”.
“Yo suspiro por tu halo mágico,
porque en la noche
dentro de mi piel lates.
Y aunque de loco me tachen,
yo olvidarte no consigo.
Soy feliz al sentir redonda
tu cara revelar.
Es tan hermosa y perfecta,
que sobre mi rabo plantado,
me contento con que tu atención
me devuelvas, aquí abajo”.
Roja se puso la luna
ante las lisonjas del gato.
Muy arriba,
los satélites registraron
algo raro.
Las fotos tomadas
reflejaban
un casi imperceptible cambio.
Sobre el suelo de la luna
una curva se dibujaba,
que mirando con cuidado,
pudiera parecer
una sonrisa traviesa, complacida,
casi humana.