El furtivo languidece
como la comparación odiosa
de la gente…
y su competir exigente.
¡Estruendoso!
El palmar se quedó pequeño
al querer cobijar
a los cuervos.
Monos siameses,
olvidaron su procedencia
y se coronan reyes.
La velocidad…
nos devuelve el espejo
enlentecido de nuestra lente.
El mal ajeno:
engaño para tu sombrero,
que ensancha…
y encoge…
con tu pensamiento.
Cuadrante,
bienvenida al marinero elegante,
no al tío,
primo de mi abuelo,
que guardaba a Cicerón en su guante.
La desilusión de Dante,
encrucijada de ajedrez embarruznado
del caudal del miedo
que arrastraba su manto.
El rumbo está marcado…
y nadie se atreve
a girar el mando.
La costumbre…
Padre Nuestro recitado.
¡Qué difícil!
Cambiar el candado amaestrado,
como el ocaso
que cubre al venado.
Insuflable respingo:
la pluma desciende de la veta,
del nido alzado
sobre la palmera,
con sus astas al viento.
El fuego,
con su llamarada,
cocina la hebra del mañana.
Perfumes y colores
acarician la tarde del pobre,
convirtiendo en oro…
su bronce.
Perfecto, audaz, sereno:
el atardecer es
como un pelo extendido,
frondoso… como un bosque,
y dulce, refinado…
como una caricia.
13/08/2025
Dikia©
como la comparación odiosa
de la gente…
y su competir exigente.
¡Estruendoso!
El palmar se quedó pequeño
al querer cobijar
a los cuervos.
Monos siameses,
olvidaron su procedencia
y se coronan reyes.
La velocidad…
nos devuelve el espejo
enlentecido de nuestra lente.
El mal ajeno:
engaño para tu sombrero,
que ensancha…
y encoge…
con tu pensamiento.
Cuadrante,
bienvenida al marinero elegante,
no al tío,
primo de mi abuelo,
que guardaba a Cicerón en su guante.
La desilusión de Dante,
encrucijada de ajedrez embarruznado
del caudal del miedo
que arrastraba su manto.
El rumbo está marcado…
y nadie se atreve
a girar el mando.
La costumbre…
Padre Nuestro recitado.
¡Qué difícil!
Cambiar el candado amaestrado,
como el ocaso
que cubre al venado.
Insuflable respingo:
la pluma desciende de la veta,
del nido alzado
sobre la palmera,
con sus astas al viento.
El fuego,
con su llamarada,
cocina la hebra del mañana.
Perfumes y colores
acarician la tarde del pobre,
convirtiendo en oro…
su bronce.
Perfecto, audaz, sereno:
el atardecer es
como un pelo extendido,
frondoso… como un bosque,
y dulce, refinado…
como una caricia.
13/08/2025
Dikia©