EL FINAL DE LA ENTROPÍA
Una necesidad violenta
de enamorarse de la hipotenusa
llevó al suicidio
a los jóvenes catetos.
Voraces raíces cuadradas
iluminadas por el último resplandor
de aquel ocaso acutángulo
danzaban jubilosas
celebrando el holocausto
La radiante galanura de los radianes
eludía las tangentes afiladas
ofreciendo blancas gardenias al público
Los senos suavemente
femeninos
eran alanceados
por los cosenos hipocondríacos
Eran los tiempos de las rosas y los valses
de los escotes en cuadrangular escorzo
y las damas de miradas procelosas
que esperaban la llegada
del próximo tranvía.
Sombreros sobre sombreros
en cópula libidinosa de fieltros
y plumas de marabú
se desprendían pausadamente
de aquellas cabezas marmóreas
de las bellas y los faunos
El misterio del champán
antes de ser espuma
en los oscuros antros ajenos
al boulevard
sólo sería comprable al rugido
de los feroces leones que duermen arrullados
por el siseo de la nota inacabada
del fuelle del bandoneón.
Arcos voltaicos de luz
huídos de la severa geometría
se refugian en los alegres caleidoscopios
de las serpentinas en vuelo
de los torrentes de confetti
como lágrimas coloreadas
según órdenes alfabéticos.
Toda una extensión de elementos euclidianos
se arrepiente de su estética rigurosa
y emprende el que será
su último vuelo hacia el final del arco iris
La entropía ha alcanzado su último objetivo.
Una necesidad violenta
de enamorarse de la hipotenusa
llevó al suicidio
a los jóvenes catetos.
Voraces raíces cuadradas
iluminadas por el último resplandor
de aquel ocaso acutángulo
danzaban jubilosas
celebrando el holocausto
La radiante galanura de los radianes
eludía las tangentes afiladas
ofreciendo blancas gardenias al público
Los senos suavemente
femeninos
eran alanceados
por los cosenos hipocondríacos
Eran los tiempos de las rosas y los valses
de los escotes en cuadrangular escorzo
y las damas de miradas procelosas
que esperaban la llegada
del próximo tranvía.
Sombreros sobre sombreros
en cópula libidinosa de fieltros
y plumas de marabú
se desprendían pausadamente
de aquellas cabezas marmóreas
de las bellas y los faunos
El misterio del champán
antes de ser espuma
en los oscuros antros ajenos
al boulevard
sólo sería comprable al rugido
de los feroces leones que duermen arrullados
por el siseo de la nota inacabada
del fuelle del bandoneón.
Arcos voltaicos de luz
huídos de la severa geometría
se refugian en los alegres caleidoscopios
de las serpentinas en vuelo
de los torrentes de confetti
como lágrimas coloreadas
según órdenes alfabéticos.
Toda una extensión de elementos euclidianos
se arrepiente de su estética rigurosa
y emprende el que será
su último vuelo hacia el final del arco iris
La entropía ha alcanzado su último objetivo.