• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El Fantasma

Edouard

Poeta adicto al portal
Pálida pero con aquellos ojos rojos encendidos de fuego, la damisela de la corte hipnotizaba a todo aquel que se atreviese a hacerle confesión de Amor. Era toda una mujer de voluptuosos encantos. Su padre, que en paz descanse, era el gobernador de la región que ocupaba la parte este del Imperio Germánico. Sin embargo, ella no hacía acopio de poder alguno sobre tal extensión soberbia. Se lo había dejado a su vieja madre. La cual, no paraba de buscar futuros maridos para su hija singular y atrayente. Fue una noche de invierno cuando, ya recostada estaba nuestra joven en la cama de su artesonada alcoba, cuando escuchó el crujido del suelo de madera. Sudorosa se despertó; y mirando con una vela encendida no vio nada. Volvió a acostarse. Apagando la luz llameante del cirio. Pero la segunda vez se abrieron con furibundo odio las ventanas. Un viento gélido penetró en el habitáculo. Y un ser de gas se le apareció. Ella, sin dar crédito, se levantó, intentó palparlo con sus manos delicadas pero enseguida se disolvió. No sin antes escuchar unas risas entrecortadas y continuadas con una voz suave que la impelió a descubrir la crueldad que moraba en su interior.
 
homo-adictus, tal mujer de ojos de fuego se vanagloriaba de tener prendidos en Amor a candidatos dignos de la protección fulgurante del dios Cupido. Pero no les tenía en demasiada estima. Era hija de una nobleza, cuyo eco se remonta a los viejos tiempos del Sacro Imperio Germano. Huérfana de padre, pero con una nerviosa madre que quería casarla cuanto antes con algún poderoso potentado, sólo sentía recelo. Pero una noche fría, mientras dormía, el sonido fantasmal de un ente de otro mundo la despertó de su letargo onírico. Primero con unas pisadas etéreas en el suelo. Y luego con una apoteosis de apertura atroz de las ventanas por el viento recio del norte. Aquel ser gaseoso quizá fuese un numen tutelar de su fallecido progenitor, que la conminaba, después de una chanza sonora, a escrutar en su interior el por qué de ese cruel desdén hacia el sexo varonil. Atentamente Edouard.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba