¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu! - Egdar Allan Poe -
Corría el año 17XX, cuando una joven Señora de Éboli de la Corte de Carlos III (a la que llamaremos Abril por prudencia histórica) regresó a los jardines que contemplaron su infancia, en Aranjuez. Ella era flor de demasiada inocencia para percatarse de los asuntos turbios de la monarquía española, a la vez que delicada y bella. Su último recuerdo de los jardines fue la desafortunada muerte de uno de sus amantes. Éste era un hombre endemoniado, que cayó al Hades en la cúspide de sus mezquindades. Ahora la señora de Éboli vuelve de la mano de un joven poeta, Duque de Guadalajara, para reencontrarse con su pasado. Un pasado que en realidad nunca dejó atrás.
Cuando menos lo espero, invaden las memorias mi mente torturada
La visión de las campánulas, azucenas y los asfódelos abiertos mirando al sol
Nuestra comitiva cabalga lento, contra el viento, en los bellos jardines de Aranjuez
Oh, días de mi niñez, aquí entre mis flores amigas
La verde hierba y las húmedas espigas, de un tiempo anhelado
Murmullos del pasado que vuelvo a oír
Viejas sensaciones que no querría sentir.
Entre los brazos de mi amado me deleito en conversar
Pero mi mente divaga, prefiero no pensar
Es simple nostalgia, nada más.
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
De un frígido diciembre;*
Las caricias del invierno, los azotes del infierno
Incomprensible dualidad la que se vierte del amor;
Un amor malentendido que corrió por estas praderas
Besando mis labios, meciendo mis caderas.
Sufro por haber perdido el gran amor que hube conocido,
Ese que me hace despreciar la mano de aquel que a mi vera me compone versos en vano.
Desecho estos pensamientos antes de que vuelvan a mí,
Es simple nostalgia, es así.
Cabalgamos sobre época de lluvias
La niebla poco a poco se abre camino, nubla el campo, nubla mi destino
Con horrores producto de otros tiempos, el miedo de no poder saciar mis labios sedientos
De beber de una boca que mal me quiso, pero que mentía con ternura,
¡Qué macabra locura! Cierro los ojos y aun le contemplo
Su innoble fantasma no me asusta, me hiere despacio, me corta,
Me gusta.
Y cuando vuelvo a mirar a mi alrededor contemplo al joven poeta
Que me quiere, que es mi amor; mas no contengo los recuerdos
Será simple nostalgia, ¿o quizá no?
A medida que la niebla aumenta, así lo hacen mis fantásticos terrores
Ya casi ni oigo al poeta que respira junto a mi oído, implorando mis amores,
Aspirando con adoración bacanal el aroma que desprenden mis cabellos
Rubios todos ellos, oscuro objeto de su pasión.
Yo no puedo corresponderle, Orfeo me canta una canción,
Siguiendo la melodía mi alma se pone a soñar
En el ocaso del día, quiero romper a llorar.
Entonces percibí una tenue voz, un rumor quedo, y es que no puedo
Quitar de mi mente su candor.
No contengo la nostalgia. No hallo ya tanto valor.
Ahora, mi ánimo cobraba bríos*
Y sin pararme ya a pensar
Salté del coche hacia las brumas, para poder escuchar
Aquella dulce melodía, que me hacía suspirar.
Lo más rápido que mis piernas pueden llevarme, atravieso los jardines.
Mis ojos verdes se anegan en lágrimas
Cuando recupero la clarividencia, está oscuro, ¡qué penitencia!
Llorar por amor puro.
Entonces se escucha en las sombras: Abril.
Un casi insonoro balbuceo: Abril.
Las terribles gárgolas que anidan en mi mente, de repente, se vuelven contra mí
Como un fantasma en la negrura, una oscura presencia
Que guardan su espíritu y su esencia;
No puedo creer lo que observo en el lugar al que me transportan los pensamientos
Creo enloquecer por momentos, y me siento morir.
Me recorre un escalofrío, imposible de describir
Atrapada entre las brumas, no hay lugar donde huir.
Entonces exclamo aterrorizada, por mi poeta ser salvada.
Huele a incienso y azufre, mi alma gime y sufre;
Y de nuevo la misma voz: Abril.
Las ramas de los árboles dibujan manos retorcidas
Reflejadas en los charcos caras atormentadas y suicidas
¿Qué significa todo esto? ¿Y por qué no puedo huir? ¡No! ¿Por qué no quiero huír?
No puedo engañarme, me es muy fácil discernir;
Distinguiría esa mirada en cualquier parte, tan varonil, puro arte.
La escena es tan barroca, como el fantasma al que evoca
Un retablo te nubes negras en el cielo, fuegos fatuos en el suelo
Una orquesta de lamentos, aumentando por momentos
¡La tristeza de los elementos!
Y sigo escuchando ese murmullo, esa llamada que intuyo: Abril, Abril, Abril.
Trato de hallar algo de lucidez
Durante un segundo juro sobre la calavera de Barrabás
¡Es el viento, y nada más!*
Pero la verdad es muy distinta; no es el pánico como se pinta
Hasta que no lo experimentas no sabes el poder que puede tener
Aquí estoy petrificada, frente a algo que me hace estremecer.
Me armo con mis últimas fuerzas e inquiero: "¿Quién anda ahí?
Espíritu o demonio fiero, sal donde pueda verte.
Una vez que comprendo lo que ocurre lloro mi amarga suerte;
Ha regresado de la Muerte, posado, inmóvil etéreo.
Y así comienza mi discurso:
No eres más que un hórrido recuerdo que no me permite vivir
La vetusta memoria que robó mi sentir;
Nunca exististe como me hiciste ver
No eres el hombre que creí conocer.
Me amaste a golpes, me hiciste palidecer
Y aun así tu presencia, me hace enloquecer.
¡Ay! Enviado de Belcebú, no podré amar a otra persona, porque siempre estarás tú.
Vine hoy con un pobre enamorado, enamorado de mí
¿Cómo librarme de la melancolía? ¿Cómo librarme así de ti?
En esta lúgubre rivera
Dónde yo caiga y de veras muera,
Iré contigo al camposanto, arrastrado por tu horrible canto.
Hay un joven que me quiere, que vive para hacerme feliz
Pero yo transcurro tan atormentada, en tus cariños embelesada
Tu mano está muy fría, recorriendo mi desnudez
Marcha por mis sentidos una terrible embriaguez.
Noche tras noche anida un cuervo en mi cabeza, un ave desgarbada
Que muerde mi alma atormentada,
Vacía mi sangre con sus plumas y se alimenta de mis sueños.
Sueños que nunca podré ver cumplir en esta vida de penitencia
Me miras a la cara y musitas mi sentencia.
¡Basta! Deja de verter tu influencia sobre mis sentidos
Devuélveme el corazón mío y sus latidos.
Necesito un halo de esperanza, que ponga fin a mi añoranza.
Sales de la tumba y me muestras tu cuerpo
Aun lo adoro aunque esté podrido;
Tus colmillos me han mordido, mi saliva se han bebido
Palpo tu piel hedionda, mientras me inflinge su castigo. ¡Oh! Te maldigo
Pero por favor, llévame otra vez contigo.
A la mañana siguiente el Duque de Guadalajara se fatiga en la búsqueda desesperada de su amada. Junto a un enorme lodazal que había sido oculto por la bruma nocturna tan sólo unas horas antes, halló el cuerpo sin vida de la hermosa Señora de Éboli. Ésta yacía desnuda abrazando a un cadáver que fue arrastrado por la riada desde un pueblo cercano. En su rostro se encontraba la viva imagen del horror. El joven cayó de rodillas junto al cuerpo y en un grito de desesperación se arrancó con las manos sus propios cabellos.
*Referencias literales a "El Cuervo" de Edgar Allan Poe