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El Espejo de la Casa Vacía

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
En la cima del valle donde el viento no duerme,
hay una casa antigua que a nadie le pertenece.
Las cortinas susurran secretos sellados,
y el reloj marca horas que no han pasado.

Sus muros respiran un aire de invierno,
con cuadros torcidos que miran al infierno.
Las escaleras crujen como huesos heridos,
y hay puertas que lloran por lo no vivido.

En el salón, bajo un candelabro vencido,
un espejo descansa… torcido, vencido.
No muestra reflejos, sino memorias rotas,
de sombras con ojos, de bocas sin notas.

Dicen que en él se ve lo que fuiste,
y lo que jamás podrás ser, si resistes.
Que el alma se enreda en su marco de plata,
como una mariposa atrapada en una lata.

Yo entré una vez, temblando de miedo,
mi sombra tembló… pero yo quedé quedo.
Y al mirar el espejo, no vi mi figura:
vi a un niño dormido dentro de la oscura.

Vi palabras que nunca logré decir,
y besos que el tiempo dejó por venir.
Vi el eco de un grito que aún no termina,
y una vela apagada… que aún ilumina.

Salí sin hablar, dejando el lugar,
pero el espejo… se vino detrás.
No en mis manos, no en mi bolso o abrigo,
sino en mi mente, como un viejo amigo.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
 
En la cima del valle donde el viento no duerme,
hay una casa antigua que a nadie le pertenece.
Las cortinas susurran secretos sellados,
y el reloj marca horas que no han pasado.

Sus muros respiran un aire de invierno,
con cuadros torcidos que miran al infierno.
Las escaleras crujen como huesos heridos,
y hay puertas que lloran por lo no vivido.

En el salón, bajo un candelabro vencido,
un espejo descansa… torcido, vencido.
No muestra reflejos, sino memorias rotas,
de sombras con ojos, de bocas sin notas.

Dicen que en él se ve lo que fuiste,
y lo que jamás podrás ser, si resistes.
Que el alma se enreda en su marco de plata,
como una mariposa atrapada en una lata.

Yo entré una vez, temblando de miedo,
mi sombra tembló… pero yo quedé quedo.
Y al mirar el espejo, no vi mi figura:
vi a un niño dormido dentro de la oscura.

Vi palabras que nunca logré decir,
y besos que el tiempo dejó por venir.
Vi el eco de un grito que aún no termina,
y una vela apagada… que aún ilumina.

Salí sin hablar, dejando el lugar,
pero el espejo… se vino detrás.
No en mis manos, no en mi bolso o abrigo,
sino en mi mente, como un viejo amigo.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Me gustó esa atmósfera misteriosa.

Saludos
 
Lo que realmente impresionó fue la imagen percibida en el espejo, así te acompañó después de dejar la mansión.

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