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El espacio sin ocupar

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Hay tanto espacio dentro de este suéter,
tanto espacio apenas ocupando,
ya vacante, ya sin relevo;
islas por nacer que navegan el vacío
de un calor de algodón de oveja blanca
que una mañana se quedó sin suéter, esquilada
de cielo y paja, de trigal celeste, de espiga sideral,
para que yo pueda acomodarme en el otoño
a esperar que los huecos se llenen
de palabras caídas de quién sabe dónde
sin que tirite el carcelero que mis costillas aprisionan
tras su libertad de ida y vuelta.
Es tanto el espacio que no abarco entre mis átomos,
tan parco mi amperio y mi voltaje,
que me conozco por inhóspito
y me poseo, sin propiedad, por deshabitado.
Aquí circula pez y hoguera mientras me peino
con estas líneas despeinadas. En cada coma
pasa un árbol ciego de verdor buscando a gatas
una sombrilla, un paso de baile.
Cada pe de Pedro o de patria o de pendejo
repite su noción de pájaro, aleteo intersticial
entre rutas no marcadas.
Vuelo dentro de mis márgenes justificados
entre todo lo que expropio de allá afuera
para detenerme y calzarme de caminos.
No inventé las piedras, no las caracolas,
no las esquinas con basura, no el norte sin levante,
no los ojos que ven y me visten,
no los tuyos y contrarios, lapidarios por espejos,
no las lapidaciones, no el ajedrez de la ternura,
no la hora que falta, no los adioses que sobran.
Todo eso y más me inventa para reinventarme.
Nada sobrepuesto. Nada que no se abrace
y se incendie al perderse.
Nada hay en este suéter que me abriga
por mi afán de abrazar al pobre frío.
En esta desnudez de todo apenas queda espacio;
es lo que tengo para entregar y estar completo.


15 de octubre de 2025
 
Última edición:
Hay tanto espacio dentro de este suéter,
tanto espacio apenas ocupando,
ya vacante, ya sin relevo;
islas por nacer que navegan el vacío
de un calor de algodón de oveja blanca
que una mañana se quedó sin suéter, esquilada
de cielo y paja, de trigal celeste, de espiga sideral,
para que yo pueda acomodarme en el otoño
a esperar que los huecos se llenen
de palabras caídas de quién sabe dónde
sin que tirite el carcelero que mis costillas aprisionan
tras su libertad de ida y vuelta.
Es tanto el espacio que no abarco entre mis átomos,
tan parco mi amperio y mi voltaje,
que me conozco por inhóspito
y me poseo, sin propiedad, por deshabitado.
Aquí circula pez y hoguera mientras me peino
con estas líneas despeinadas. En cada coma
pasa un árbol ciego de verdor buscando a gatas
una sombrilla, un paso de baile.
Cada pe de Pedro o de patria o de pendejo
repite su noción de pájaro, aleteo intersticial
entre rutas no marcadas.
Vuelo dentro de mis márgenes justificados
entre todo lo que expropio de allá afuera
para detenerme y calzarme de caminos.
No inventé las piedras, no las caracolas,
no las esquinas con basura, no el norte sin levante,
no los ojos que ven y me visten,
no los tuyos y contrarios, lapidarios por espejos,
no las lapidaciones, no el ajedrez de la ternura,
no la hora que falta, no los adioses que sobran.
Todo eso y más me inventa para reinventarme.
Nada sobrepuesto. Nada que no se abrace
y se incendie al perderse.
Nada hay en este suéter que me abriga
por mi afán de abrazar al pobre frío.
En esta desnudez de todo apenas queda espacio;
es lo que tengo para entregar y estar completo.


15 de octubre de 2025

Hay metáforas que son un flash de imagen en movimiento volando al cerebro.

Quizá sea ese el clip que abre la puerta a poemas antológicos y poetas grandes grandes. Tu poema viaja con algunas metáforas de esas. O eso creo yo. No te molestes si parezco pedante y sabiondo que no soy ningún profesional de nada, salvo de la vida callejera.

Salud2, compañero.

Posdatem: no te veas obligado a leerme ni comentarme porque yo te lea. Solo cuando de paso escriba algo yo y te guste realmente (o con un me gusta me vale que así no tengo que responder a tanta gente ja, ja, ja...).
 
Hay metáforas que son un flash de imagen en movimiento volando al cerebro.

Quizá sea ese el clip que abre la puerta a poemas antológicos y poetas grandes grandes. Tu poema viaja con algunas metáforas de esas. O eso creo yo. No te molestes si parezco pedante y sabiondo que no soy ningún profesional de nada, salvo de la vida callejera.

Salud2, compañero.

Posdatem: no te veas obligado a leerme ni comentarme porque yo te lea. Solo cuando de paso escriba algo yo y te guste realmente (o con un me gusta me vale que así no tengo que responder a tanta gente ja, ja, ja...).

Carnal Évano, también soy acérrimo enemigo del quid pro quo en los comentarios en este foro. He dejado de comentar --que no de leer-- a algunxs compañerxs que practicaban eso de "mi comentario por el tuyo". Obvio, están en su derecho, pero me da la impresión de que es algo así como prostituir los textos. Algo habrá de placer en ello, pero yo paso. Y ya ni hablar de esos esperpénticos usuarios pajeros que agradecen en cada like en sus poemas con un comentario para ganar en cifras lo que no tienen en dimensión, ja, ja.

Así que nada: al igual que tú, leo y comento no por obligación, sino por mis sacrosantos cojones. Gracias por llegar hasta acá, canijo valedor, es un gusto estar en sintonía.
 
No inventé las piedras, no las caracolas,
no las esquinas con basura, no el norte sin levante,
no los ojos que ven y me visten,
no los tuyos y contrarios, lapidarios por espejos,
no las lapidaciones, no el ajedrez de la ternura,
no la hora que falta, no los adioses que sobran.
No lo sé, Rick... Yo te encuentro inventando siempre nombre a lo que no se dice porque no tiene palabras, porque es tan grande que apenas cabe entre las costillas; ahí estás siempre vos, llenando todo con tu pinchelirismo...

No lo sé, Rick, creeeo que te quiero re, aunque me hagas llorar.

Abrazo re, chanclazo pior.
 
Hay tanto espacio dentro de este suéter,
tanto espacio apenas ocupando,
ya vacante, ya sin relevo;
islas por nacer que navegan el vacío
de un calor de algodón de oveja blanca
que una mañana se quedó sin suéter, esquilada
de cielo y paja, de trigal celeste, de espiga sideral,
para que yo pueda acomodarme en el otoño
a esperar que los huecos se llenen
de palabras caídas de quién sabe dónde
sin que tirite el carcelero que mis costillas aprisionan
tras su libertad de ida y vuelta.
Es tanto el espacio que no abarco entre mis átomos,
tan parco mi amperio y mi voltaje,
que me conozco por inhóspito
y me poseo, sin propiedad, por deshabitado.
Aquí circula pez y hoguera mientras me peino
con estas líneas despeinadas. En cada coma
pasa un árbol ciego de verdor buscando a gatas
una sombrilla, un paso de baile.
Cada pe de Pedro o de patria o de pendejo
repite su noción de pájaro, aleteo intersticial
entre rutas no marcadas.
Vuelo dentro de mis márgenes justificados
entre todo lo que expropio de allá afuera
para detenerme y calzarme de caminos.
No inventé las piedras, no las caracolas,
no las esquinas con basura, no el norte sin levante,
no los ojos que ven y me visten,
no los tuyos y contrarios, lapidarios por espejos,
no las lapidaciones, no el ajedrez de la ternura,
no la hora que falta, no los adioses que sobran.
Todo eso y más me inventa para reinventarme.
Nada sobrepuesto. Nada que no se abrace
y se incendie al perderse.
Nada hay en este suéter que me abriga
por mi afán de abrazar al pobre frío.
En esta desnudez de todo apenas queda espacio;
es lo que tengo para entregar y estar completo.


15 de octubre de 2025
Ah, me encantó este poema a tu suéter. Un gusto leerte.
 
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