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El escritor se encuentra con su estatua

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL ESCRITOR SE ENCUENTRA CON SU ESTATUA

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Eran las tres de una fría tarde de enero cuando la comitiva acompañó al escritor hasta el parque para inaugurar su estatua. En la ceremonia tocó la Banda Municipal y pronunciaron discursos el alcalde y un comediógrafo, amigo del escritor.

La figura de piedra representa al escritor recostado en su butaca con las manos unidas y las piernas cubiertas con una manta, como pasaba la mayor parte del tiempo. El escritor tenía muchos años, cumplía entonces el último de su vida, y ya no le servían los ojos ni las piernas. El escultor le ayudó a subir al pedestal y guio su mano hasta que consiguió tocar las manos de la estatua. El escritor retiró la mano enseguida, cuando notó el frío y la dureza de las manos de piedra en lugar de sentir la calidez de la vida. Una ráfaga de viento frío sopló en ese momento y arrancó las últimas hojas secas que quedaban en los árboles.

El escritor sonrío con tristeza y exclamó con humor:

– Tengo mucho frío. No quiero una manta de piedra, necesito una de algodón.

– Enseguida le acompañamos a casa, maestro dijo el escultor.

– Sí, gracias, pero no me llames maestro, llámame abuelo, como siempre, aunque no seas mi nieto.

El escultor y el comediógrafo sujetaron de los brazos al “abuelo” y le acompañaron en el coche hasta su casa. Unos copos de nieve empezaron a volar junto a las hojas secas.

Lo primero que hizo el escritor cuando entró en su despacho fue sentarse en la butaca y cubrirse las piernas con la manta de algodón. Entonces, cuando entró en calor, pensó que su estatua no tenía vida, pero los personajes de sus novelas siempre vivirían recreándose en la mente de sus lectores. Recordó a Gloria, Marianela, Fortunata, Jacinta, Doña Perfecta, el Doctor Centeno, El Abuelo … y todos los protagonistas de sus novelas. Media hora después, se quedó dormido y soñó con los personajes que había creado.

***

Este relato está basado en hechos reales: el escritor fue Benito Pérez Galdós; el escultor, Victorio Macho; y el comediógrafo, Serafín Álvarez Quintero. La estatua se encuentra en el parque de El Retiro de Madrid, junto a la Rosaleda.



 

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Última edición:
Me ha encantado este relato, Antonio. Galdós fue un escritor de una talla incomensurable.
Curiosamente yo también lo cito en mi Anecdotario infame de la Villa y Corte unas lineas más abajo. Eso sí, desde una perspectiva más humorística.

Saludos cordiales.

Los personajes de Galdós siempre vivirán en la imaginación de sus lectores, aunque desaparezca su estatua.

Gacias por leer y comentar este sencillo relato.
 
Ahora que me encuentro por casualidad con este buen relato me entero de la anécdota que le sucedió a Galdós en el último año de su vida.
Gracias Antonio por contárnosla en tu relato.

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Así fue la inauguración de la estatua de Galdós en el parque del Retiro, según cuentan los periódicos de la época. He imagonado las palabras y los pensamientos del escritor durante ese día.

Gracias por leer y comentar este sencillo relato.
 
EL ESCRITOR SE ENCUENTRA CON SU ESTATUA



Eran las tres de una fría tarde de enero cuando la comitiva acompañó al escritor hasta el parque para inaugurar su estatua. En la ceremonia tocó la Banda Municipal y pronunciaron discursos el alcalde y un comediógrafo, amigo del escritor.

La figura de piedra representa al escritor recostado en su butaca con las manos unidas y las piernas cubiertas con una manta, como pasaba la mayor parte del tiempo. El escritor tenía muchos años, cumplía entonces el último de su vida, y ya no le servían los ojos ni las piernas. El escultor le ayudó a subir al pedestal y guio su mano hasta que consiguió tocar las manos de la estatua. El escritor retiró la mano enseguida, cundo notó el frío y la dureza de las manos de piedra en lugar de sentir la calidez de la vida. Una ráfaga de viento frío sopló en ese momento y arrancó las últimas hojas secas que quedaban en los árboles.

El escritor sonrío con tristeza y exclamó con humor:

– Tengo mucho frío. No quiero una manta de piedra, necesito una de algodón.

– Enseguida le acompañamos a casa, maestro dijo el escultor.

– Sí, gracias, pero no me llames maestro, llámame abuelo, como siempre, aunque no seas mi nieto.

El escultor y el comediógrafo sujetaron de los brazos al “abuelo” y le acompañaron en el coche hasta su casa. Unos copos de nieve empezaron a volar junto a las hojas secas.

Lo primero que hizo el escritor cuando entró en su despacho fue sentarse en la butaca y cubrirse las piernas con la manta de algodón. Entonces, cuando entró en calor, pensó que su estatua no tenía vida, pero los personajes de sus novelas siempre vivirían recreándose en la mente de sus lectores. Recordó a Gloria, Marianela, Fortunata, Jacinta, Doña Perfecta, el Doctor Centeno, El Abuelo … y todos los protagonistas de sus novelas. Media hora después, se quedó dormido y soñó con los personajes que había creado.

***

Este relato está basado en hechos reales: el escritor fue Benito Pérez Galdós; el escultor, Victorio Macho; y el comediógrafo, Serafín Álvarez Quintero. La estatua se encuentra en el parque de El Retiro de Madrid, junto a la Rosaleda.



Siempre será, una estatua, un simple y frío pedernal donde pueden cagar las palomas que siguen vivas y libres por el parque.
Uno sonríe con tristeza ante tales eventos, al mismo tiempo que intenta procurarse un cobijo, un calor interno, y una paz que sea propia.
Este relato es fiel a los sucesos y deja una impronta llena de recuerdos que abarcarán toda una vida entre personas y personajes propios.
Un aporte que me encantó, Antonio, un testimonio a todas luces real y narrado desde las cercanías del Retiro.

Un abrazo compañero.
 
Siempre será, una estatua, un simple y frío pedernal donde pueden cagar las palomas que siguen vivas y libres por el parque.
Uno sonríe con tristeza ante tales eventos, al mismo tiempo que intenta procurarse un cobijo, un calor interno, y una paz que sea propia.
Este relato es fiel a los sucesos y deja una impronta llena de recuerdos que abarcarán toda una vida entre personas y personajes propios.
Un aporte que me encantó, Antonio, un testimonio a todas luces real y narrado desde las cercanías del Retiro.

Un abrazo compañero.

Gracias por interpretar tan bien este sencillo relato, basado en la noticia de la inauguración publicada en los periodicos de la época. Las obras de Galdos renacen siempre en la imaginación de sus lectores.

Un abrazo aséptico, esperando que lleguen las vacunas. Salud y ventura.
 
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