• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El Entierro

DIEGO

Poeta adicto al portal
La tierra seca cayó sobre el diminuto cajón golpeteando la madera nueva, destinada a una vida efímera: lo que dura la ceremonia.
Mientras sus manos apretaban un terrón más oscuro, su mente repasaba como en una producción hollywoodense, cada momento compartido. De a ratos sus lagrimales destilaban un lagañoso líquido cristalino parecido a gotas de miel. A veces, se dibujaba una sonrisa cómplice. Pero la adustez del rostro retomaba su lugar para no desentonar con el delicado momento.
Resultaba extraño lo solitario del acontecer a los ojos de los curiosos que por allí merodeaban, ocupados en acompañar cortejos multitudinarios que semejaban más a la entrada de un mega evento deportivo, que a una despedida vital.
Aún así, el hombre seguía ensimismado en su comunión. Los sonidos circundantes, eran los comunes en estos lugares. Onomatopeyas de la muerte.
Como pudo, se agachó, pidiéndole permiso a su osteoporósico esqueleto.
La osamenta volvió a quejarse por el renovado esfuerzo. Otro terrón del polvoriento elemento, esta vez con restos de césped reverdecido. Recién sembrado.
Lo arrojó sobre el indefenso y lustroso madero. Decidió que ya estaba bien. Era suficiente. Con un temblor de brazos que no podían ponerse de acuerdo entre si, acomodó como pudo el desvencijado sobretodo, que clamaba por quedarse allí también, acompañando la profundidad de lo inevitable.

Las primeras gotas de lluvia acompañaron el lento retorno por la callejuela de pasto y piedra hacia la entrada principal. Tambaleante, recorrió el conocido paisaje de tumbas y lápidas sordomudas, con inscripciones que nadie lee. Triste decoración de cada cementerio en cada rincón del mundo.

Subió al auto. Se acomodó como sus cansados huesos quisieron. La tormenta ya era torrencial. Obligaba a duplicar los esfuerzos de los escuálidos limpiaparabrisas.
Encendió el motor, puso primera. Sintió el alivio de la tarea cumplida.

El coche devoró una a una las calles anegadas de soledades tristes y húmedas.
La noche empezaba a tragarse con gula desmedida los últimos vestigios de claridad.

Volvió a sentirse satisfecho. Esbozó una sonrisa sin culpa.

La noche anterior había decidido enterrar sus recuerdos.
 
Retribuyo el abrazo desde aquí y un enorme agradecimiento por volver a verte en este rincón. Pasaré por tus textos. Ojalá vuelvas.

Un gran abrazo,
Diego.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba