danie
solo un pensamiento...
I
Llegó la noche con una gabardina gris
a mi alcoba
y en su paso para que no se escapen sus lágrimas,
cerró la puerta.
Sobre la pared surcan infinidad de astros y cometas
vestidos de gala
y del estrecho y luengo parquet que recorre el suelo
germinan la luna,
con sus labios carnosos pintados de carmesí y sus ojos
con rímel añil,
llevando un elegante vestido de ampón con corset,
cayendo su cola
en el grave y soporífero aliento de la noche;
bracean los cometas
sobre las sábanas que enfundan mi catre, comenzando
la pletórica fiesta
y de la azotea se escapan nubes de encina con rayos fulminantes
de un albor.
Es la clara señal de que se acerca el jactancioso cónyuge,
el firmamento
y el indigno consorte presumido de la luna,
el sol.
II
Pájaros náuticos llegan desde los alejados y solitarios
mares,
calandrias copetudas de un recóndito océano, trayendo
el aire sideral
en sus plumas lustrosas, bullendo y gravitando sobre
la rotatoria luz,
parloteándonosle al oído de la noche el temido
designio.
Formando agitados cardúmenes de ideas emisoras
que presagian
el duelo de aura estival que generada la presencia del sol
en la dilatación
de la noche, el caos es el elegido patrocinador de un pretérito
muy cercano,
dos acoplados y entrelazados cuervos de tez azabache
como el marfil,
serán los sepultureros del cadáver que dejara la afanada
pugna;
son los sigilosos vigías que recorren los límites de la morada,
esperando
una resolución, mientras se disgrega el ribete de una vida;
ya se puede ver
El dintel que antes vivía cerrado, ahora se abre paulatinamente:
en la ventana
los cristales enrojecidos son testigos de la colisión.