Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Cada una de sus patas saborea el mundo,
diminutas o colosales.
Hechas de jeringuillas que cuelgan
de los brazos podridos de los yonquis,
y de rastros de semen enquistado
en los muslos de prostitutas demasiado hastiadas para limpiarse.
El Dios Ciempiés vomitó la humanidad durante "un mal viaje".
¡Oh, sí, eso somos!
Excrementos de insectos alienígenas.
¿Cómo si no explicáis
lo miserable de nuestra naturaleza?
Incluso en la sangre de más alta cuna
encontraréis mierda de miriápodo.
¿Y sabéis lo que se mueve
en las babas negras de sus ojos?
Lo veréis cuando resucitéis los rituales
que se vuelan por las esquinas,
levantados por el viento junto a hojas de otoño
y envoltorios varios.
El Dios Ciempiés
lleva los nombres de Lilitu
grabados en su caparazón,
y de ellos supuran aberraciones
como escupitajos sobre vuestros cultos-jaula.
Se arrastra bajo la mugre de las uñas,
mendigando un plato de dientes
ya que a Él se le han caído todos.
Y ahora convulsiona sobre una cruz de alambres.
Agoniza,
rodeado de cristales y cadáveres de antiguos seguidores violados por el chartreuse,
que atravesó sin esfuerzo el pellejo gangrenado
y tiñó de verde sus huesos.
De Sus poros de ceniza
y Su boca abierta como la cicatriz de un payaso
El Dios Ciempiés chorrea demerol en sobredosis.
diminutas o colosales.
Hechas de jeringuillas que cuelgan
de los brazos podridos de los yonquis,
y de rastros de semen enquistado
en los muslos de prostitutas demasiado hastiadas para limpiarse.
El Dios Ciempiés vomitó la humanidad durante "un mal viaje".
¡Oh, sí, eso somos!
Excrementos de insectos alienígenas.
¿Cómo si no explicáis
lo miserable de nuestra naturaleza?
Incluso en la sangre de más alta cuna
encontraréis mierda de miriápodo.
¿Y sabéis lo que se mueve
en las babas negras de sus ojos?
Lo veréis cuando resucitéis los rituales
que se vuelan por las esquinas,
levantados por el viento junto a hojas de otoño
y envoltorios varios.
El Dios Ciempiés
lleva los nombres de Lilitu
grabados en su caparazón,
y de ellos supuran aberraciones
como escupitajos sobre vuestros cultos-jaula.
Se arrastra bajo la mugre de las uñas,
mendigando un plato de dientes
ya que a Él se le han caído todos.
Y ahora convulsiona sobre una cruz de alambres.
Agoniza,
rodeado de cristales y cadáveres de antiguos seguidores violados por el chartreuse,
que atravesó sin esfuerzo el pellejo gangrenado
y tiñó de verde sus huesos.
De Sus poros de ceniza
y Su boca abierta como la cicatriz de un payaso
El Dios Ciempiés chorrea demerol en sobredosis.