DeSolís
Poeta recién llegado
No hay milonga que en sus acordes menores me embriague,
no hay payada que en su métrica me haga escapar.
El carpincho se esconde, triste, en su guarida,
el martinete huye hacia el humedal.
Mi querido campo verdoso
se va tornando en un secarral.
Se rasga la barranca tras los juncos,
grillos rechinan ante mi desazón.
La caricia de la tierra no me da consuelo,
y me anuncia que, bajo el río,
me espera una pena, una confrontación.
No hay balizas guiando al que acecha,
ni plegarias que eleven mi voz.
Hay un lazo atado en la reja,
buscando justicia,
tal vez sea yo.
no hay payada que en su métrica me haga escapar.
El carpincho se esconde, triste, en su guarida,
el martinete huye hacia el humedal.
Mi querido campo verdoso
se va tornando en un secarral.
Se rasga la barranca tras los juncos,
grillos rechinan ante mi desazón.
La caricia de la tierra no me da consuelo,
y me anuncia que, bajo el río,
me espera una pena, una confrontación.
No hay balizas guiando al que acecha,
ni plegarias que eleven mi voz.
Hay un lazo atado en la reja,
buscando justicia,
tal vez sea yo.