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El día del Arpa.

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
El día del Arpa.



el 26 de diciembre del 1934
nació, cerca de los esteros
que en aquella época
cubrían, como una nube de verano,
los paisajes de José León Suárez
un Arpa, hija de la música
del amor y del amor a la nueva música.

el Arpa se llamaba La.La.La y
prontamente,
contenta por el sol
que miraba desde su alta morada
con su gigante ojo
el comienzo de una nueva vida,
sacó dos finas patas
desde su dorado cuerpo
y salió a recorrer la periferia del lugar.

caminó cerca de los arroyos y conversó
amistosamente con los pájaros
que volaban
en busca de ricos frutos,
con los yuyos,
y con algunos animales
que se acercaban
al escuchar la dulce melodía
que salía del Arpa
cuando el viento tocaba sus cuerdas.
la vida le parecía bella
como una mariposa
o como el humo,
que se veía a lo lejos, de los trenes.

feliz por estar en paz
y en armonía
con su lindo (lindo lindo) ser,
se recostó antes de llegar
el mediodía
bajo un coposo árbol
de fuerte corteza
que de esta manera le habló:

“arpa, arpa, qué lindas estás,
vestida con los colores
de los juncos y el sol,
la música que sale
de tus cuerdas
me hace recordar
a los días niños de mi mañana.
arpa, arpa, cuando el sol
naciente de tu alma,
feliz, contento y cansado,
deba ir a apagar
su fuego eterno
en las aguas tibias
del gran corazón,
recuerda a éste árbol
que siendo un niña
te habló,
recuerda que
la vida
y sus hijos también
te amaron como yo,
recuerda que la
memoria se desvanece
pero que la canción
maravillosa
habita
en el lugar en el que estés vos,
recuérdalo, arpa arpa,, lo recordarás, ¿no?”

la pequeña Arpa despertaba y ya
el Mediodía
la saludaba levantando
sus dos manos grandotas
con una sonrisa,
y un sombrero como el de Merlín.
La. La. La. era el nombre del Arpa
con dos finas patas
que poco a poco,
mientras avanzaba
por los esteros
visitando lagunas
semejantes a grandes espejos,
crecía y se hacía adolescente.

La. La. La. un día un tanto nublado
llegó a un pueblo
y por fin pudo conocer al Tren,
ese extraño gusano
que gritaba todo el tiempo
–¡taka taka tatá!-
y soplaba humo por su cómica nariz.
alrededor del Tren que,
siempre con cara
de enojado y muy bien vestido,
dejaba que se metan pasajeros
en sus múltiples bolsillos,
se levantaban todo tipo de tiendas
con señores gorditos
y de bigotes graciosísimos
que vendían pescado
exclamando:
- ¡Pescado, el mejor pescado!,
y también estaban
esos raros escarabajos
de patas muy largas
subidos a los techos de las casas.
para La.La.La., el Arpa,
todo le era desconocido
en ese pueblo tan grande
lleno de casas
y veredas, con tanta gente,
pero no se dejó asustar
y frotando sus dos patitas
contra su cuerpo musical
una leve melodía comenzó a tararear:

lara lara la lá, la, laralá,
laralá, laralá…

lara lara la lá, la, laralá…

y así, conversando con ella misma
se les fueron pasando
las horas
del mediodía
hasta que,
al ver que llegaba ya
un poco tarde
a su cita con la Tarde,
se levantó rápidamente
del banquito blanco
de la plaza
en el cual estaba sentada,
y comenzó a correr
lejos de los sombras
y hacia el sol de la tarde…
_____________________________….
__________________________________________…
_____________________________________________*(corretear de caballos)
______________________________________________________________________…
______________________________________________________________________________…

… hasta que ya convertida en una mujer Arpa
llegó por fin
a la larga fiesta que daba la Marquesa de la Tarde.-




allí conoció al señor Trombón
en un baile en el mítico club
Cinco Esquinas
de José León Suárez,
habitual recinto en donde
la Marquesa celebraba
con música y juegos
gran parte de sus zambras,
y haciéndose gestos
disimuladamente
para que los otros
instrumentos
no se pongan celosos,
se alejaron del gentío
por la puerta trasera
del club
y mirándose a los ojos,
se pusieron, contentos,
bajo las estrellas
de ese mar que algunos
llaman cielo,
a componer una única canción,
la canción que nació
para ser cantada
por las abejas,
la canción de un nuevo mundo de Amor.

y entonces, conjuntamente con la magia
de aquella melodía,
nacieron un pianito chiquitito
pero estridente,
y un gigante contrabajo
vestido con sabores de monte y sol.
y el Arpa fue madre,
como las cargadas ramas
de los árboles frutales,
y el Trombón fue padre,
como la estrella con forma de Osa
conversando con los marineros,
y el Pianito y el Contrabajo
fueron hermanos,
como cuando se aplaude con las dos manos.

y feliz, ah, feliz como la primavera
y las hojas que vuelan
y a veces se nos pegan,
con forma de grandes luciérnagas,
en la cara los días de otoño,
el Arpa, caminando de la mano
de sus músicos
e invitados,
luego de terminar,
caída la tarde,
su habitual partida de cartas,
se acercó sigilosamente al oído
de su amiga noche,
y de ésta manera le susurró:

“noche, amiga noche
de los campos
de calabaza,
ya casi ni recuerdo
a aquel árbol
que en mi infancia
me visitó,
he vivido bien
y he sido buena
como el trigo,
he cuidado
de los otros
tal vez,
más que a mí,
y ahora me cubren
tus aguas livianas
y te lo agradezco,
luego del silencio
siempre vienen
los pájaros de un mañana...”

y la Abuela Arpa, ya un poco cansada
por ser casi medianoche
se acostó en su celeste cama,
y cerrando sus párpados una sonrisa gigante se le dibujó en el corazón.







éste poema está dedicado, cada grafo e imagen, a María Luisa Rodríguez, Lalala, mi Abuela; y a cada abuelo o abuela, y a cada niño y niña, que valgan las similitudes.

* (corretear de caballos): se simula con las palmas el chocar de los cascos sobre una superficie dura, preferentemente madera.


18/09/2009.
 
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