Cuentista
Silencio, un cuento.
EL DESPERTAR
Este miedo invisible, no me deja dormitar,
infestado de madrugadas vigilias
medra en mis negras pupilas aroma de un palpitar,
¿Y mi sombra? Pavorosa, ha menguado,
aterrado, he despertado fea noche solitaria
en mi féretro acolchado de nobleza suntuaria
¡Qué penoso despertar! Sin aliento y sin sudor,
son mis manos, ahora garras quebradizas
con mis pies de huesos desvestidos,
los que alimentan a gusanos repugnantes y grasientos
que me brotan de la boca como rabia contagiada,
los escupo, los mastico, ¡Cientos, miles!
De purpúreo mortecino es mi rostro inexpresivo
tenebroso al mismo tiempo por faltar de una nariz,
¡Y mis dedos! Raros dedos sin color alegre ya
muestran uñas putrefactas en un mísero cariz,
en las cuencas agrietadas de negruzca soledad
se han marchado aquellos ojos de un azul cielo de mar
Asustado he despertado como en larga pesadilla
con sonidos desquiciados, resonantes al pasar
por mi viejo y rancio cuello, sin sentido o comprensión
condenado estoy pues yo, a la eterna repulsión,
es presagio a la derrota,
en mi tumba he despertado tan oscura, fría y rota
¿Qué temores tiene el hombre?
¿A un entierro prematuro? ¿A un entierro sin morir?
Mi temor no es estar vivo, y enterrado despertar
mi terror es estar muerto, y enterrado regresar.
“Cuentista” 2014
Este miedo invisible, no me deja dormitar,
infestado de madrugadas vigilias
medra en mis negras pupilas aroma de un palpitar,
¿Y mi sombra? Pavorosa, ha menguado,
aterrado, he despertado fea noche solitaria
en mi féretro acolchado de nobleza suntuaria
¡Qué penoso despertar! Sin aliento y sin sudor,
son mis manos, ahora garras quebradizas
con mis pies de huesos desvestidos,
los que alimentan a gusanos repugnantes y grasientos
que me brotan de la boca como rabia contagiada,
los escupo, los mastico, ¡Cientos, miles!
De purpúreo mortecino es mi rostro inexpresivo
tenebroso al mismo tiempo por faltar de una nariz,
¡Y mis dedos! Raros dedos sin color alegre ya
muestran uñas putrefactas en un mísero cariz,
en las cuencas agrietadas de negruzca soledad
se han marchado aquellos ojos de un azul cielo de mar
Asustado he despertado como en larga pesadilla
con sonidos desquiciados, resonantes al pasar
por mi viejo y rancio cuello, sin sentido o comprensión
condenado estoy pues yo, a la eterna repulsión,
es presagio a la derrota,
en mi tumba he despertado tan oscura, fría y rota
¿Qué temores tiene el hombre?
¿A un entierro prematuro? ¿A un entierro sin morir?
Mi temor no es estar vivo, y enterrado despertar
mi terror es estar muerto, y enterrado regresar.
“Cuentista” 2014