Arcadia
Poeta recién llegado
Como huracán que libre azota al pecho
y alborota la sangre, miel caliente,
así nace el deseo de impaciente
por saciar su vacío insatisfecho.
Palpando con sus dedos las entrañas
va filtrando la savia de su palma;
sin aire deja a este pulmón de calma,
y la respiración se agota y daña.
Como un fuego sediento de su brasa,
de lo que no ha ocurrido es el misterio;
pretende paz, mas lucha y se propasa,
rozando el límite del buen criterio.
Mientras tanto escondido en su prisión
para nunca enseñar su tez al mundo,
su condena es continua defunción
para resucitar cada segundo.
y alborota la sangre, miel caliente,
así nace el deseo de impaciente
por saciar su vacío insatisfecho.
Palpando con sus dedos las entrañas
va filtrando la savia de su palma;
sin aire deja a este pulmón de calma,
y la respiración se agota y daña.
Como un fuego sediento de su brasa,
de lo que no ha ocurrido es el misterio;
pretende paz, mas lucha y se propasa,
rozando el límite del buen criterio.
Mientras tanto escondido en su prisión
para nunca enseñar su tez al mundo,
su condena es continua defunción
para resucitar cada segundo.