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El deseo no deja descansar

José Luis Galarza

Poeta que considera el portal su segunda casa
e_surrealismo_thyssen1.jpg

Remedios Varo. "Papilla estelar" (1958)

Las nociones se me escurren.
La variación es lo que siento,
la imposibilidad de encerrar
la alegría en una cápsula.

Crezco con una voz,
con un cántico,
y la prisa de las oraciones,
parecen ríos caídos del cielo.
Tiendo tan sólo a bañarme,
no acepto anclarme en la playa.

El deseo siempre conduce
hacia la utopía que está
en el movimiento que persigo,
es como un conejo
saltando en el pastizal.

Sólo logro perseguir
el viento que fue rompiendo.
Las ondas que persigo
son notas musicales,
están en la naturaleza.

Me pongo en movimiento
con este diálogo
que sube su color
con la intensidad del campo,
con la resonancia musical
de los campos.

No dejo de jugar en los campos,
el compás es como el pulso.

El doctor quiere escuchar mi música,
siento que está llegando una visita,
tiene un aspecto indescriptible,
deja pistas que son migajas
por las que vienen las hormigas.

Ya viene el tren de hormigas
y el peso que trae, el reflejo
también me ciega por un instante.

Hay un desvío. Y otro. Repetidamente,
extravío la meta en ese bosque
que está plagado de hormigas.

La nostalgia de esa imposibilidad
está escrita en mis ojos,
también la tormenta que se avecina,
que no soportaría ninguna hormiga,
el apocalipsis por haberme ocultado
el rostro bajo mis manos,
por haber engendrado esta impotencia.

El tiempo no quiere devolver
el sol y el rostro de la hormiga,
la lupa está deshecha en el camino.

Se terminó una temporada
en la que te encontraste con el amor,
el tiempo tiene una muerte segura,
porque está la complicidad
de lo fugaz tramando que las cortinas
no pierdan el bordado sendero.

La silueta pequeña de los hacheros
con la carga preciada,
reciben las señales de bondad
de una nueva jornada.
Cuando las espigas dejen de caer
sobre la tranquilidad del bosque
y reine la parsimonia,
la ocupación de un lugar,
tendrá la fuerza de la curiosidad.

Encerrado en la esfera de vidrio
este sentimiento sujeta el universo.
Las amarras son el tormento,
el devenir, encuentro, contención.

En la prisa de la siguiente nota
el deseo no deja descansar.
 
Última edición:
e_surrealismo_thyssen1.jpg

Remedios Varo. "Papilla estelar" (1958)

Las nociones se me escurren.
La variación es lo que siento,
la imposibilidad de encerrar
la alegría en una cápsula.

Crezco con una voz,
con un cántico,
y la prisa de las oraciones,
parecen ríos caídos del cielo.
Tiendo tan sólo a bañarme,
no acepto anclarme en la playa.

El deseo siempre conduce
hacia la utopía que está
en el movimiento que persigo,
es como un conejo
saltando en el pastizal.

Sólo logro perseguir
el viento que fue rompiendo.
Las ondas que persigo
son notas musicales,
están en la naturaleza.

Me pongo en movimiento
con este diálogo
que sube su color
con la intensidad del campo,
con la resonancia musical
de los campos.

No dejo de jugar en los campos,
el compás es como el pulso.

El doctor quiere escuchar mi música,
siento que está llegando una visita,
tiene un aspecto indescriptible,
deja pistas que son migajas
por las que vienen las hormigas.

Ya viene el tren de hormigas
y el peso que trae, el reflejo
también me ciega por un instante.

Hay un desvío. Y otro. Repetidamente,
extravío la meta en ese bosque
que está plagado de hormigas.

La nostalgia de esa imposibilidad
está escrita en mis ojos,
también la tormenta que se avecina,
que no soportaría ninguna hormiga,
el apocalipsis por haberme ocultado
el rostro bajo mis manos,
por haber engendrado esta impotencia.

El tiempo no quiere devolver
el sol y el rostro de la hormiga,
la lupa está deshecha en el camino.

Se terminó una temporada
en la que te encontraste con el amor,
el tiempo tiene una muerte segura,
porque está la complicidad
de lo fugaz tramando que las cortinas
no pierdan el bordado sendero.

La silueta pequeña de los hacheros
con la carga preciada,
reciben las señales de bondad
de una nueva jornada.
Cuando las espigas dejen de caer
sobre la tranquilidad del bosque
y reine la parsimonia,
la ocupación de un lugar,
tendrá la fuerza de la curiosidad.

Encerrado en la esfera de vidrio
este sentimiento sujeta el universo.
Las amarras son el tormento,
el devenir, encuentro, contención.

En la prisa de la siguiente nota
el deseo no deja descansar.
El tiempo como deseado en un regreso, uno se queda encerrado y solo la curiosa
esencia vital es como esa posible necesidad para encerrar todo en el vidrio
de los sentimientos intimos. el poema esta lleno de fuerza y muy bien
asociado a esa surrealista imagen selecciones. felicidades y saludos de
luzyabsenta
 
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