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El cuadro

Iset

Poeta asiduo al portal
Hay algo en este cuadro que no calza, quizá sea el gesto mediocre de la madre vendiendo al hijo, o la desesperación de éste por volver a casa, no lo sé, sin embargo, hay algo que parece fuera de lugar. Lo mismo sentí cuando lo pintaba, sabía que algo no encajaba y a pesar de aquello, seguí pincelando, hasta que sin darme cuenta estaba listo. Quizá lo más extraño haya sido que, durante el proceso, algo me ardió en las entrañas, tenía la sensación de estarme quemando vivo, puede que aquella experiencia la haya transmitido indirectamente al cuadro. Pese a todo, lo más terrorífico del asunto no fue eso, sino que, al finalizar mi obra, alguien me tomó fuertemente del brazo y me atrajo hacia sí, era una señora de edad, cuyo delantal de cocina aún tenía el aroma de una cazuela de campo, me sujetaba con fuerza mientras conversaba enérgicamente con un hombre que no dejaba de mirarme. Al cabo de unos minutos comprendí de lo que hablaban, aquella mujer, me estaba vendiendo, consternada reclamaba por el precio, no le parecía justo, mientras el hombre a su lado le increpaba mi aspecto. Hasta ese entonces, no me había percatado de mí mismo, vestía mal, olía a alcantarilla, y no podía dejar de dolerme el pecho, me sentía afligido, sólo deseaba acurrucarme a las faldas de esa mujer y pedirle de esa cazuela que parecía estar sabrosa. Ellos no dejaban de discutir, ella disconforme, él sintiéndose vencedor, y yo sólo deseando refugio. La escena se mantuvo así, hasta que olvidé que estaba ahí y pude sentir cómo la piel se me erizaba al rozar el atril. La imagen era perfecta, digna de un cuadro.
 
¡Cuán dolorosa puede llegar a ser la empatía! Relato con una temática sorprendente y tremendamente bien ambientado. Tú te sentías el personaje del cuadro, yo me sentía tú. Maestra, con admiración compruebo que tu prosa está al nivel de tu poesía. Es como si Bach, además de músico, pintara como Rembrandt.

Mis respetos y felicitaciones.
 
esta terrible como transportas al lector a tu transportación!!!
no se, suelo decir muchas cosas cuando leo algo que me gusta, esta vez creo lo mejor es el silencio, a ver si algo nos esta pintando!...
q gran placer leerte, saludos!
 
¡Cuán dolorosa puede llegar a ser la empatía! Relato con una temática sorprendente y tremendamente bien ambientado. Tú te sentías el personaje del cuadro, yo me sentía tú. Maestra, con admiración compruebo que tu prosa está al nivel de tu poesía. Es como si Bach, además de músico, pintara como Rembrandt.

Mis respetos y felicitaciones.

Gracias Noah, especialmente por lo de 'maestra' que considero es demasiado título para mí aún :::blush:::. Creo que se entendió lo que quise transmitir aunque aún siento que está inmaduro el texto, el paso del cuadro al pintor no me termina de convencer, pero veo que ha sido bien recibido.

Gracias como siempre por estar.
 
esta terrible como transportas al lector a tu transportación!!!
no se, suelo decir muchas cosas cuando leo algo que me gusta, esta vez creo lo mejor es el silencio, a ver si algo nos esta pintando!...
q gran placer leerte, saludos!

Cuando leí tu comentario por primera vez me aterré por lo de 'terrible' para ya luego comprendí que lo había hecho bien, aunque como le dije a Noah, aún lo siento inmaduro.

Gracias por pasar Kira.
 
Hay algo en este cuadro que no calza, quizá sea el gesto mediocre de la madre vendiendo al hijo, o la desesperación de éste por volver a casa, no lo sé, sin embargo, hay algo que parece fuera de lugar. Lo mismo sentí cuando lo pintaba, sabía que algo no encajaba y a pesar de aquello, seguí pincelando, hasta que sin darme cuenta estaba listo. Quizá lo más extraño haya sido que, durante el proceso, algo me ardió en las entrañas, tenía la sensación de estarme quemando vivo, puede que aquella experiencia la haya transmitido indirectamente al cuadro. Pese a todo, lo más terrorífico del asunto no fue eso, sino que, al finalizar mi obra, alguien me tomó fuertemente del brazo y me atrajo hacia sí, era una señora de edad, cuyo delantal de cocina aún tenía el aroma de una cazuela de campo, me sujetaba con fuerza mientras conversaba enérgicamente con un hombre que no dejaba de mirarme. Al cabo de unos minutos comprendí de lo que hablaban, aquella mujer, me estaba vendiendo, consternada reclamaba por el precio, no le parecía justo, mientras el hombre a su lado le increpaba mi aspecto. Hasta ese entonces, no me había percatado de mí mismo, vestía mal, olía a alcantarilla, y no podía dejar de dolerme el pecho, me sentía afligido, sólo deseaba acurrucarme a las faldas de esa mujer y pedirle de esa cazuela que parecía estar sabrosa. Ellos no dejaban de discutir, ella disconforme, él sintiéndose vencedor, y yo sólo deseando refugio. La escena se mantuvo así, hasta que olvidé que estaba ahí y pude sentir cómo la piel se me erizaba al rozar el atril. La imagen era perfecta, digna de un cuadro.

Me parecio excelente tu prosa, Iset!
Llena de imaginacion y dolor...
Saludos.
 
Hay algo en este cuadro que no calza, quizá sea el gesto mediocre de la madre vendiendo al hijo, o la desesperación de éste por volver a casa, no lo sé, sin embargo, hay algo que parece fuera de lugar. Lo mismo sentí cuando lo pintaba, sabía que algo no encajaba y a pesar de aquello, seguí pincelando, hasta que sin darme cuenta estaba listo. Quizá lo más extraño haya sido que, durante el proceso, algo me ardió en las entrañas, tenía la sensación de estarme quemando vivo, puede que aquella experiencia la haya transmitido indirectamente al cuadro. Pese a todo, lo más terrorífico del asunto no fue eso, sino que, al finalizar mi obra, alguien me tomó fuertemente del brazo y me atrajo hacia sí, era una señora de edad, cuyo delantal de cocina aún tenía el aroma de una cazuela de campo, me sujetaba con fuerza mientras conversaba enérgicamente con un hombre que no dejaba de mirarme. Al cabo de unos minutos comprendí de lo que hablaban, aquella mujer, me estaba vendiendo, consternada reclamaba por el precio, no le parecía justo, mientras el hombre a su lado le increpaba mi aspecto. Hasta ese entonces, no me había percatado de mí mismo, vestía mal, olía a alcantarilla, y no podía dejar de dolerme el pecho, me sentía afligido, sólo deseaba acurrucarme a las faldas de esa mujer y pedirle de esa cazuela que parecía estar sabrosa. Ellos no dejaban de discutir, ella disconforme, él sintiéndose vencedor, y yo sólo deseando refugio. La escena se mantuvo así, hasta que olvidé que estaba ahí y pude sentir cómo la piel se me erizaba al rozar el atril. La imagen era perfecta, digna de un cuadro.






Por alguna razón
tengo una necesidad imperiosa
de estrecharle la mano a ese cuadro.


Mil estrellas, Yenniset.

__________________________________________________ LEO

Unicornio-real-horse-white-blanc.jpg


 


Por alguna razón
tengo una necesidad imperiosa
de estrecharle la mano a ese cuadro.


Mil estrellas, Yenniset.

__________________________________________________ LEO

Unicornio-real-horse-white-blanc.jpg




Querer es poder amigo.
Gracias por las estrellas, nunca serán suficientes para alumbrar mi cielo.

Un abrazo.
 
dos artes... que de continuo se dan la mano... Precioso relato Iset. Muchas gracias por la lectura.

Saludos
 
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