Idril
Poeta recién llegado
En un paisaje lejos de esta realidad,
la vida descansa a la orilla del mar,
donde la brisa del viento perfuma la estancia,
con el olor a canela y especias cual piel,
en el cielo las aves revolotean distantes,
de frente la tarde teñida en ambar,
deja matices de un adiós,
en las largas horas de unos meláncólicos latidos,
las olas rompen en las rocas alientos,
la arena absorve las amargas y saladas lágrimas,
al verlo partir con el sol de la mañana.
Las sombras pintan la triste escena,
de un, ahora, cuerpo inerte,
unas miradas de indiferencia, dibujadas a los seres,
y la gran falta de otras más, en cada herida,
dejan su frágil corazón al borde del abismo,
y su único alivio es esperar de un día a otro,
tras la partida de su amor,
con una carta en las manos escrito por su poeta,
la deseperación de sus palabras,
"tengo que pensar muchas cosas",
sangra la punsante yaga de maltratos.
Cabalgantes palabras de la noche,
tratan de confortar a esta vida dura,
dejando sinuoso el transitar en ella,
quién iba a pensar que una tonta carta,
deprimiría al más firme ser,
y derrumbaría su mundo a nada,
como en algún momento lo haría con seres mágicos,
la vida en llanto ahoga su presencia,
con dulce lluvia de miel sobre océano,
cual huracán devastando de amores,
múltiples sensaciones de despedida,
en ajenos corazónes la larga tragedia,
del corazón roto en mil pedazos.
la vida descansa a la orilla del mar,
donde la brisa del viento perfuma la estancia,
con el olor a canela y especias cual piel,
en el cielo las aves revolotean distantes,
de frente la tarde teñida en ambar,
deja matices de un adiós,
en las largas horas de unos meláncólicos latidos,
las olas rompen en las rocas alientos,
la arena absorve las amargas y saladas lágrimas,
al verlo partir con el sol de la mañana.
Las sombras pintan la triste escena,
de un, ahora, cuerpo inerte,
unas miradas de indiferencia, dibujadas a los seres,
y la gran falta de otras más, en cada herida,
dejan su frágil corazón al borde del abismo,
y su único alivio es esperar de un día a otro,
tras la partida de su amor,
con una carta en las manos escrito por su poeta,
la deseperación de sus palabras,
"tengo que pensar muchas cosas",
sangra la punsante yaga de maltratos.
Cabalgantes palabras de la noche,
tratan de confortar a esta vida dura,
dejando sinuoso el transitar en ella,
quién iba a pensar que una tonta carta,
deprimiría al más firme ser,
y derrumbaría su mundo a nada,
como en algún momento lo haría con seres mágicos,
la vida en llanto ahoga su presencia,
con dulce lluvia de miel sobre océano,
cual huracán devastando de amores,
múltiples sensaciones de despedida,
en ajenos corazónes la larga tragedia,
del corazón roto en mil pedazos.