A Verd
Poeta recién llegado
El corazón vuelto sistema
V. Predefinido
(...)
Ahora nuestros cuerpos
tenían un tono parecido al cielo,
quizá verdoso.
Por un momento,
tras las macetas de la esquina,
creí ver a alguien escondido.
El ascensor
emite su pitido de llegada:
agudo, entrecortado
sobre el silencio
que toma forma.
El vecino asía sus bolsas de carburante
y observé incrédulo
que ¡también le salían
cables de las mangas!
Me dejó pasar primero,
la música se diluía
cuando de frente
aparté la vista del espejo.
Todo transcurría paso a paso:
así, removiendo,
funcionó en otros planos
había visto sus córneas azules
y me giré, aterrorizado.
La música comenzaba de nuevo
para cerrar las puertas
su cara se transformaba entonces:
mi garganta, del todo amarga.
Diluyéndonos hacia otro sitio
apenas distinguía su silueta
hacia mí en el ascensor
me decía,
y alcanzo a escuchar el pum:
—¿Qué, te has divertido?
V. Predefinido
(...)
Ahora nuestros cuerpos
tenían un tono parecido al cielo,
quizá verdoso.
Por un momento,
tras las macetas de la esquina,
creí ver a alguien escondido.
El ascensor
emite su pitido de llegada:
agudo, entrecortado
sobre el silencio
que toma forma.
El vecino asía sus bolsas de carburante
y observé incrédulo
que ¡también le salían
cables de las mangas!
Me dejó pasar primero,
la música se diluía
cuando de frente
aparté la vista del espejo.
Todo transcurría paso a paso:
así, removiendo,
funcionó en otros planos
había visto sus córneas azules
y me giré, aterrorizado.
La música comenzaba de nuevo
para cerrar las puertas
su cara se transformaba entonces:
mi garganta, del todo amarga.
Diluyéndonos hacia otro sitio
apenas distinguía su silueta
hacia mí en el ascensor
me decía,
y alcanzo a escuchar el pum:
—¿Qué, te has divertido?