A Verd
Poeta recién llegado
El corazón vuelto sistema
III. Dos pájaros de un tiro
(...)
Volvía a casa
pero desconf⧫ado [
pensaba en las bandas,
un nudo en el estómago.
Yo era de los pocos
a los que aún no habían asaltado.
Solían abordar al dueño
en el portal de univiviendas
para obligarle a abrir la caja fuerte.
Era sabido
que estas milicias
de ex militares, hoy sanguinarios
tenían algún trato
con la Empresa Organizadora
de cada Región.
Pero, ¿qué íbamos a hacer nosotros?
Nos preparábamos para ello,
para algún día vivir como ellos
de lo que ellos
pues no queríamos reyes
sino masa,
y ahora
se había hecho materia.
Otros se habían separado:
alquitrán de caza
en las mejillas
y el pecho.
El humo
era un manto
que nos empujaba abajo
cada parte
lejos de la otra.
El de la piel más roja
nos había tejido
unas cortinas
casi transparentes
con las que nos gustaba jugar.
El humo se volvía cristales;
estábamos preparados.
Lo único que me ofrecían
eran los trozos negros,
y no quería
llevármelos a la boca.
Los cazadores partían
y se perdían tras las vallas;
eran líneas delgadas
en el horizonte
que se volvían
círculo
y azul
hasta desaparecer.
III. Dos pájaros de un tiro
(...)
Volvía a casa
pero desconf⧫ado [
pensaba en las bandas,
un nudo en el estómago.
Yo era de los pocos
a los que aún no habían asaltado.
Solían abordar al dueño
en el portal de univiviendas
para obligarle a abrir la caja fuerte.
Era sabido
que estas milicias
de ex militares, hoy sanguinarios
tenían algún trato
con la Empresa Organizadora
de cada Región.
Pero, ¿qué íbamos a hacer nosotros?
Nos preparábamos para ello,
para algún día vivir como ellos
de lo que ellos
pues no queríamos reyes
sino masa,
y ahora
se había hecho materia.
Otros se habían separado:
alquitrán de caza
en las mejillas
y el pecho.
El humo
era un manto
que nos empujaba abajo
cada parte
lejos de la otra.
El de la piel más roja
nos había tejido
unas cortinas
casi transparentes
con las que nos gustaba jugar.
El humo se volvía cristales;
estábamos preparados.
Lo único que me ofrecían
eran los trozos negros,
y no quería
llevármelos a la boca.
Los cazadores partían
y se perdían tras las vallas;
eran líneas delgadas
en el horizonte
que se volvían
círculo
y azul
hasta desaparecer.