rafael prado
Poeta recién llegado
Pasaba silbando el viejo gusano,
Y al lado del río, el ciempiés gruñón.
¿A dónde vas tan contento mechudo empinado?
¡Preguntó el ciempiés!
¡A buscar un fruto para este guayabo!
¡Contestó el gusano!
El ciempiés descalzo se rió del gusano:
¡Te apuesto un denario que llego al guayabo!
¿Qué me das si gano? pregunto el gusano!
Bajo la guayaba y la parto en pedazos.
Arranco la carrera en medio del bosque.
Un cuervo en un palo escucho la apuesta,
Y en tono de burla le dijo al ciempiés:
Si quiere mi amigo me como al gusano.
No necesito tu ayuda. Contesto el ciempiés.
Si te gana el gusano, te invito de almuerzo,
le grito el cuervo.
Eso lo veremos, refutó el ciempiés.
Paso una hora de lenta carrera,
entre matorrales y más de un traspiés.
El ciempiés contento se acercó al guayabo,
Cuando dio el último paso, el ciempiés descalzo,
Se sentó en la rama de un árbol caído,
¡Y sus ojos se abrieron como dos tomates!
El señor gusano lo estaba esperando,
con un palillito limpiando sus dientes.
Gusano tramposo le dijo el ciempiés:
¿Cómo es posible que hallas llegado,
te comes las frutas, y te rías de mí?
Que importa mi amigo, le dijo el gusano,
Yo iba camino al frondoso guayabo,
Y Volando muy bajo paso un pajarraco,
me cogió en el pico y siguió aletiando.
¡Pobre de mí pensó el gusanito,
este emplumado va a hacer de mi un sanduchito!
El ave volaba en el cielo muy alto,
y haciendo una gracia en pleno aleteo,
trato de tragarme, tirándome al aire,
tan de malas el ave que no pudo atraparme;
y caí del cielo, girando y girando,
cayendo en el pasto junto al frondoso guayabo.
En eso paso el cuervo mañoso,
y de un tarascaso se comió al ciempiés!
Y al lado del río, el ciempiés gruñón.
¿A dónde vas tan contento mechudo empinado?
¡Preguntó el ciempiés!
¡A buscar un fruto para este guayabo!
¡Contestó el gusano!
El ciempiés descalzo se rió del gusano:
¡Te apuesto un denario que llego al guayabo!
¿Qué me das si gano? pregunto el gusano!
Bajo la guayaba y la parto en pedazos.
Arranco la carrera en medio del bosque.
Un cuervo en un palo escucho la apuesta,
Y en tono de burla le dijo al ciempiés:
Si quiere mi amigo me como al gusano.
No necesito tu ayuda. Contesto el ciempiés.
Si te gana el gusano, te invito de almuerzo,
le grito el cuervo.
Eso lo veremos, refutó el ciempiés.
Paso una hora de lenta carrera,
entre matorrales y más de un traspiés.
El ciempiés contento se acercó al guayabo,
Cuando dio el último paso, el ciempiés descalzo,
Se sentó en la rama de un árbol caído,
¡Y sus ojos se abrieron como dos tomates!
El señor gusano lo estaba esperando,
con un palillito limpiando sus dientes.
Gusano tramposo le dijo el ciempiés:
¿Cómo es posible que hallas llegado,
te comes las frutas, y te rías de mí?
Que importa mi amigo, le dijo el gusano,
Yo iba camino al frondoso guayabo,
Y Volando muy bajo paso un pajarraco,
me cogió en el pico y siguió aletiando.
¡Pobre de mí pensó el gusanito,
este emplumado va a hacer de mi un sanduchito!
El ave volaba en el cielo muy alto,
y haciendo una gracia en pleno aleteo,
trato de tragarme, tirándome al aire,
tan de malas el ave que no pudo atraparme;
y caí del cielo, girando y girando,
cayendo en el pasto junto al frondoso guayabo.
En eso paso el cuervo mañoso,
y de un tarascaso se comió al ciempiés!