[center:70dd601d42]Mi nombre es Henry Wallace y, por un tiempo, fui cazador de estrellas. Subía a lo alto del firmamento, y cada noche llenaba mi zurrón. Antes de la salida del Sol, bajaba al calor de mi chimenea y contemplaba las maravillas de mi captura. Estrellas, estrellas juguetonas que corrían a mi alrededor entre risas infantiles, tocando graciosas melodías. A la caída del Sol, cansadas de sus coreografías y danzas, se escurrían por un resquicio entreabierto de la ventana y volvían a su lugar plagando la negrura de luceros resplandecientes.
Una noche ocurrió algo sorprendente. Utilizando la densa oscuridad como escalera me encaminé como de costumbre hacia una nueva búsqueda. Si prestas buen oído, la melodía te guiará hacia ellas Pero esta vez un tono diferente rompe el conocido sonar de las brillantes maravillas. Las cuerdas sangrantes de una guitarra en pena, los acordes de una caja triste y melancólica. Ahí, una estrella, una de las llamadas inalcanzables. De aquellas que brillan con más fuerza. Gráciles, bellas, de cabellos de oro y ojos de esmeralda. A medida que me acercaba aumentaba mi fascinación y a la vez una ardiente curiosidad. El corazón me golpeaba el corazón con fuerza, advirtiéndome de la afrenta a la cual me encaminaba, ya que sabía que aquella maravilla pertenece a estas que muy pocos pueden tocar. Pero esta, ¿por qué parecía tan triste? ¿Por qué parecía estar tocando el Réquiem a su propia muerte?
Me quedé parado, estático a sólo unos pasos de ella. Para mi sorpresa, se tiró a mis brazos entre un mar de sollozos y cada segundo que pasaba se adhería más fuerte a mi pecho. Por algún motivo, ni tan siquiera traté de llevarla conmigo ante mi chimenea, como a todas las demás. Sólo arrullarla, acurrucarla entre mis brazos y permanecer en silencio, escuchando los acordes de aquella guitarra Al quedarme ahí opté por vivir en una noche perpetua y hubiera firmado mi decisión de permanecer en el mismo lugar hasta el fin de mis días. Sin duda había llegado a querer a aquella hermosa estrella con todas mis fuerzas.
Pasado algún tiempo, habiendo llegado a su cúspide mi estado de felicidad, la estrella comenzó a cambiar el tono de sus canciones. Mentiras y ardides para escapar de mis brazos sin mediar explicación. La preciosa estrella se había marchado llevándose su melancólica balada y desgarrándome el corazón Aún puedo verla, como estrella inalcanzable. Lejos de mis posibilidades, pero tan hermosa y preciosa como siempre.
Si no crees mi historia, espera al próximo anochecer, y mira por la ventana al cielo. Busca encontrar la primera estrella fugaz, el más bello lucero, cargado de hermosura y encantador de sentidos. Ella, la más preciosa de todas, quedará grabada en tu retina tras su paso perecedero. El rastro de luz que corre tras ella soy yo, que no he cejado en mi empeño. Rehusé volver a mí hogar, para así poder seguir contemplándola de cerca hasta el fin de mis días.[/center:70dd601d42]
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Una noche ocurrió algo sorprendente. Utilizando la densa oscuridad como escalera me encaminé como de costumbre hacia una nueva búsqueda. Si prestas buen oído, la melodía te guiará hacia ellas Pero esta vez un tono diferente rompe el conocido sonar de las brillantes maravillas. Las cuerdas sangrantes de una guitarra en pena, los acordes de una caja triste y melancólica. Ahí, una estrella, una de las llamadas inalcanzables. De aquellas que brillan con más fuerza. Gráciles, bellas, de cabellos de oro y ojos de esmeralda. A medida que me acercaba aumentaba mi fascinación y a la vez una ardiente curiosidad. El corazón me golpeaba el corazón con fuerza, advirtiéndome de la afrenta a la cual me encaminaba, ya que sabía que aquella maravilla pertenece a estas que muy pocos pueden tocar. Pero esta, ¿por qué parecía tan triste? ¿Por qué parecía estar tocando el Réquiem a su propia muerte?
Me quedé parado, estático a sólo unos pasos de ella. Para mi sorpresa, se tiró a mis brazos entre un mar de sollozos y cada segundo que pasaba se adhería más fuerte a mi pecho. Por algún motivo, ni tan siquiera traté de llevarla conmigo ante mi chimenea, como a todas las demás. Sólo arrullarla, acurrucarla entre mis brazos y permanecer en silencio, escuchando los acordes de aquella guitarra Al quedarme ahí opté por vivir en una noche perpetua y hubiera firmado mi decisión de permanecer en el mismo lugar hasta el fin de mis días. Sin duda había llegado a querer a aquella hermosa estrella con todas mis fuerzas.
Pasado algún tiempo, habiendo llegado a su cúspide mi estado de felicidad, la estrella comenzó a cambiar el tono de sus canciones. Mentiras y ardides para escapar de mis brazos sin mediar explicación. La preciosa estrella se había marchado llevándose su melancólica balada y desgarrándome el corazón Aún puedo verla, como estrella inalcanzable. Lejos de mis posibilidades, pero tan hermosa y preciosa como siempre.
Si no crees mi historia, espera al próximo anochecer, y mira por la ventana al cielo. Busca encontrar la primera estrella fugaz, el más bello lucero, cargado de hermosura y encantador de sentidos. Ella, la más preciosa de todas, quedará grabada en tu retina tras su paso perecedero. El rastro de luz que corre tras ella soy yo, que no he cejado en mi empeño. Rehusé volver a mí hogar, para así poder seguir contemplándola de cerca hasta el fin de mis días.[/center:70dd601d42]
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