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El canto

dragon_ecu

Esporádico permanente
Cada llamado le despertaba,
para ser dormida por el viento...

La tarde iba muriendo,
desde las copas hacia las ramas más bajas.
El piso, repleto de hojas marchitas,
acaricia los cuerpos debajo.

Cada nervio era sutilmente envuelto
por nódulos de tierra
y pasos de hormigas.
Cada músculo distendido
se licuaba entre los gusanos
y formaba hilos descompuestos
de fibras desconocidas.

El hedor del preticor
perdía su fragante recuerdo
bajo las lágrimas del cielo,
entre las gotas salinas de los ojos.

Un lejano te deum
se mezclaba con zampoñas.
Extraño matrimonio barroco indigenísta
donde los rezos tenían coitos entre la comida
ofrendada en el altar.

Aquel frío húmedo penetraba
más profundo que el rencor de la primera traición.
Hasta que un filo se tiñera de rojo
cobrando la afrenta
y a la vez endeudando el alma.

Ya poco y nada importaba
que los sacrificios no eran placenteros.
Las putas cuentas de vicios,
que se acumularon entre risas.

Tristeza y rabia
no calmaban la soledad...
ni dos dedos de hígado cirrótico
agravados por una copa.
Todas las uñas filosas
tomaron el camino
de una vena expuesta
al último brillo de la luna...

Yacen dos figuras en reflejo macabro
con la hierba por espejo
una bajo tierra y la otra encima
mientras canta el guaraguao.
 
Cada llamado le despertaba,
para ser dormida por el viento...

La tarde iba muriendo,
desde las copas hacia las ramas más bajas.
El piso, repleto de hojas marchitas,
acaricia los cuerpos debajo.

Cada nervio era sutilmente envuelto
por nódulos de tierra
y pasos de hormigas.
Cada músculo distendido
se licuaba entre los gusanos
y formaba hilos descompuestos
de fibras desconocidas.

El hedor del preticor
perdía su fragante recuerdo
bajo las lágrimas del cielo,
entre las gotas salinas de los ojos.

Un lejano te deum
se mezclaba con zampoñas.
Extraño matrimonio barroco indigenísta
donde los rezos tenían coitos entre la comida
ofrendada en el altar.

Aquel frío húmedo penetraba
más profundo que el rencor de la primera traición.
Hasta que un filo se tiñera de rojo
cobrando la afrenta
y a la vez endeudando el alma.

Ya poco y nada importaba
que los sacrificios no eran placenteros.
Las putas cuentas de vicios,
que se acumularon entre risas.

Tristeza y rabia
no calmaban la soledad...
ni dos dedos de hígado cirrótico
agravados por una copa.
Todas las uñas filosas
tomaron el camino
de una vena expuesta
al último brillo de la luna...

Yacen dos figuras en reflejo macabro
con la hierba por espejo
una bajo tierra y la otra encima
mientras canta el guaraguao.
Un canto oscuro.
Realmente unas líneas muy intensas.

Saludos
 
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