Predicar. Es una actividad no muy frecuente ni atractiva, pueda que haya quienes se ofusquen u otros que se agiten la cabeza por el sólo hecho de considerar en esa idea. Hace muchos años que yo predico, desde muy niño. Recuerdo cuando salíamos con mi madre y mis hermanos, ella nos mudaba la ropa mientras nosotros nos entreteníamos jugando uno con el otro. No es exagerado ni delirante decir que llevo inmiscuido en esa labor desde el vientre de mi madre.
Pasaron los años y el mayor de mis hermanos no persiguió aquel legado maternal, decidió seguir los pasos de su dechado paterno. Mi padre escogió abandonar aquel sendero por el que mi madre demostró incontables veces una loable, incomparable y egregia lealtad. Lealtad que fue remunerada de muchas y notables sorpresas y alegrías.
Aquel hermano mío se desbandó casi 9 años atrás. Yo me pregunto si extrañará salir a predicar, si anhelará ir con mi madre nuevamente a predicar, si algún día quiera ir junto a mí a predicar, si pretenderá predicar por su cuenta, o si lo hace a escondidas. Si ansiará predicar con mi padre, si alucinará predicar como antes acostumbrábamos hacerlo.
Pero en un tiempo me tocó definir si seguiría aquel derrotero de mi felón padre o seguir la caminata por aquel acostumbrado y familiar sendero que siguió mi madre. Tenía que tomar una decisión. Sucedieron cosas increíbles y maravillosas, pero yo tuve que estudiar. Estudié e investigué cual de estas sendas podría ser la más adecuada para mí.
Pasaron los años y el mayor de mis hermanos no persiguió aquel legado maternal, decidió seguir los pasos de su dechado paterno. Mi padre escogió abandonar aquel sendero por el que mi madre demostró incontables veces una loable, incomparable y egregia lealtad. Lealtad que fue remunerada de muchas y notables sorpresas y alegrías.
Aquel hermano mío se desbandó casi 9 años atrás. Yo me pregunto si extrañará salir a predicar, si anhelará ir con mi madre nuevamente a predicar, si algún día quiera ir junto a mí a predicar, si pretenderá predicar por su cuenta, o si lo hace a escondidas. Si ansiará predicar con mi padre, si alucinará predicar como antes acostumbrábamos hacerlo.
Pero en un tiempo me tocó definir si seguiría aquel derrotero de mi felón padre o seguir la caminata por aquel acostumbrado y familiar sendero que siguió mi madre. Tenía que tomar una decisión. Sucedieron cosas increíbles y maravillosas, pero yo tuve que estudiar. Estudié e investigué cual de estas sendas podría ser la más adecuada para mí.