En un viaje del destino forjado por uno mismo
se tiene que pactar un trato con el contenido de uno.
El libre albedrío es libre
hasta que las redes del contexto obstruyen el camino.
En un laberinto más intricado que el de Dédalo,
con un enemigo más mortal que un minotauro,
se tiene que entender que el adversario de uno es uno
y de uno es ninguno.
Para hacer el viaje es necesario tener:
como compañero, al miedo,
como panacea de todos los males,
una permuta con la vida.
Donde intercambies tu deseo de bienestar
por el deseo de expirar.
Sólo quien acepta morir,
puede a plenitud vivir.
Anhelar es el primer preparativo
para llegar al lugar deseado,
y, por suponer una fantasía,
ya es un viaje y un destino en sí.
Sólo queda llevar al cuerpo
a donde la mente está.
Como segundo término,
se tienen que rechazar las divergencias no deseadas,
pues ir a donde se quiere no requieres,
sino de delimitar por donde no se quiere ir.
Avanzar sin desear llegar
es la mejor manera de no perderse en el camino.
Pues la distracción del final del recorrido
es una aberración del lente por el que debes ver.
La nostalgia es la siguiente,
pues quien no recuerda lo dejado atras,
no recuerda que camina.
Mucho antes de llegar
está encontrar el lugar deseado.
Pues en el viaje del destino forjado por uno mismo
el final está en la muerte.
Todo lo demás es un constante andar
por sinuosos caminos de líneas de moebius en espiral creciente.
se tiene que pactar un trato con el contenido de uno.
El libre albedrío es libre
hasta que las redes del contexto obstruyen el camino.
En un laberinto más intricado que el de Dédalo,
con un enemigo más mortal que un minotauro,
se tiene que entender que el adversario de uno es uno
y de uno es ninguno.
Para hacer el viaje es necesario tener:
como compañero, al miedo,
como panacea de todos los males,
una permuta con la vida.
Donde intercambies tu deseo de bienestar
por el deseo de expirar.
Sólo quien acepta morir,
puede a plenitud vivir.
Anhelar es el primer preparativo
para llegar al lugar deseado,
y, por suponer una fantasía,
ya es un viaje y un destino en sí.
Sólo queda llevar al cuerpo
a donde la mente está.
Como segundo término,
se tienen que rechazar las divergencias no deseadas,
pues ir a donde se quiere no requieres,
sino de delimitar por donde no se quiere ir.
Avanzar sin desear llegar
es la mejor manera de no perderse en el camino.
Pues la distracción del final del recorrido
es una aberración del lente por el que debes ver.
La nostalgia es la siguiente,
pues quien no recuerda lo dejado atras,
no recuerda que camina.
Mucho antes de llegar
está encontrar el lugar deseado.
Pues en el viaje del destino forjado por uno mismo
el final está en la muerte.
Todo lo demás es un constante andar
por sinuosos caminos de líneas de moebius en espiral creciente.