PRÓLOGO
San Alejandro del Valle.
Sábado, 10 de Diciembre de 2011.
Una fría brisa invernal hace volar viejos periódicos, junto a dos jóvenes oficiales que buscan algo entre
los árboles cercanos al reclusorio. El más joven, encuentra llama a su amigo:
¡Santi! Creo que lo encontré. toma un bulto, oculto entre las raíces de un árbol centenario, y lo
observa.
Es una bolsa de plástico que contiene algo rectangular. Saca una navaja, hace un corte en la pulida
superficie y extrae lo que parece ser un cuaderno envuelto en un paño negro de seda, el cual entrega a
su amigo.
¡Por fin! Santi lo mira detenidamente, lo toma con cuidado y retira el paño Logró que lo
escondieran bien. acaricia con detenimiento la cubierta de cuero, donde aún puede verse una figura
dorada.
Sí. Parece que nadie había dado con él.
Eso parece. Está un poco húmedo, pero teniendo en cuenta el lugar donde lo ocultaron, no se puede
pedir más. Ay, papá, papá... Tú siempre tan fiel a tus amigos. Javier, gracias por todo. De verdad, no
sabes cuánto te lo agradezco.
No tienes que darlas. Aunque no lo creas, entiendo lo que sientes.
Bueno, así es la vida. ¿Qué se le va a hacer? Me voy. guarda todo en una mochila y le estrecha la
mano Diana me espera temprano hoy y además, estoy ansioso por enterarme del contenido de estas
páginas. A lo mejor aquí hay algo que responda algunos de los por qué, que no me dejan dormir
últimamente.
Bien. Léelo y luego me cuentas.
Por supuesto. Nos vemos. se dirige hacia una motocicleta aparcada a unos metros de ellos.
Al llegar a casa, deja las llaves sobre la mesa de cristal de la sala y saca el cuaderno de la mochila.
Hola, mi amor. lo saluda una muchacha de piel bronceada, saliendo de la cocina, mientras se seca
las manos con el delantal ¿Cómo te fue hoy?
Súper bien. Mira. le muestra el cuaderno.
¿Y eso? No me digas que lo trajiste de...
Sí. De ese lugar que tanto detestas. Diani, mi padre me lo pidió antes de morir: "Busca las memorias
del Cachorro, Santi. Las estaba escribiendo la última vez que nos vimos." Dijo eso y cerró los ojos
para siempre. Estaba consciente de que no saldría vivo de ese hospital y por eso me lo pidió. Aquí
tiene que haber algo escrito, que la gente no conoce.
¿Ya Rubén sabe que lo fuiste a buscar?
No. Nadie aparte de Javier, y ahora tú, sabe que está en mi poder.
¿Y cuándo le piensas decir?
Cualquier día menos hoy. Él todavía está muy mal. Apenas habla con la gente y según me dijeron,
casi mata a uno el otro día por hablarle de Andy. Olvídalo. Ya las memorias están aquí y tu marido,
las va a leer. Quiero saber qué secretos se esconden en estas páginas. pasa la mano por la oscura
cubierta No estoy para nadie. ¿Ok?
Va hacia el sofá, toma dos cojines como almohada y se acomoda en él.
Está bien. Me regreso a la cocina para que leas tranquilo.
Lo deja solo. Santi se acomoda un poco más y un poco nervioso, abre el cuaderno y comienza a leer.