El caballito de palo
de mi hermano mayor,
tenía broma en el lomo
y estaba cada vez peor,
ya no trotaba en la calle
ni remontaba laderas
se veía cabizbajo
y había perdido el color.
El lo dejó guardado
en la pieza de trebejos
para que fuera curado
por algún sanador.
Un vecino carpintero
lo revisó en su galpón,
preguntando preocupado
desde cuando su dolor,
vamos a darle pastillas
mientras le paso el formón,
lo limpiamos, barnizamos
todo con mucho amor.
Lo dejo hospitalizado,
entre aserrin y colbón
limpiandolo con un trapo
hasta sentirse mejor.
El caballito de palo
que ya estaba desahuciado
volvió a galopar parejo
junto a mi hermano mayor.
Ldc-zza
mayo de 2015
letras de mi autoría
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