Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Buen Pastor es un sol que brilla,
un faro encendido en la noche tranquila.
Su voz es el viento que besa los prados,
su mano, una estrella que guía a su lado.
Sus ovejas son nubes de blanco algodón,
que juegan y cantan con su corazón.
Si alguna se pierde y no sabe volver,
Él cruza montañas para irla a ver.
Es río que canta en la tierra sedienta,
es árbol que abraza con sombra y paciencia.
Su amor es el nido que cuida y protege,
su paz, mariposa que nunca se aleja.
El Buen Pastor nunca olvida a su rebaño,
si llueve o hace frío, Él sigue velando.
Su amor es un puente de eterno fulgor,
y en sus brazos siempre hay un hogar de amor.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
un faro encendido en la noche tranquila.
Su voz es el viento que besa los prados,
su mano, una estrella que guía a su lado.
Sus ovejas son nubes de blanco algodón,
que juegan y cantan con su corazón.
Si alguna se pierde y no sabe volver,
Él cruza montañas para irla a ver.
Es río que canta en la tierra sedienta,
es árbol que abraza con sombra y paciencia.
Su amor es el nido que cuida y protege,
su paz, mariposa que nunca se aleja.
El Buen Pastor nunca olvida a su rebaño,
si llueve o hace frío, Él sigue velando.
Su amor es un puente de eterno fulgor,
y en sus brazos siempre hay un hogar de amor.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados