Sonaba el clarín y el clarinete,
cantaba el canario y el minarete,
mis manos se posaban en la rama,
apareció tu voz en la atalaya,
una canción nueva,
en la madrugada.
Rompiste la rama en que me posaba,
acariciaste mi voz de madrugada,
el trinar de esa canción enamorada,
arrancaste mi yugo y mis cadenas
azúcar en sajón, grama sumisa
arabesca luz de mi llamada,
quiero ser el rosal de tu alegría,
cantar las alabanzas de la vida,
tenerte en un instante floreada,
alfajor que de tu mano comiese,
cien años nuevos de poesía me darías.
Rasgaste mis vestidos, mi mirada
rompiste el corazón de madrugada,
quiero ser tu esclavo, tu juguete
el ser que me alimentes desde
mi respiro, hasta tu muerte,
en el bosque animado donde viven
los cantares, los pájaros, los rosales
y mi grito asfixiado de amor amamantado,
en tu vientre muchos años postergado.
© Igna
cantaba el canario y el minarete,
mis manos se posaban en la rama,
apareció tu voz en la atalaya,
una canción nueva,
en la madrugada.
Rompiste la rama en que me posaba,
acariciaste mi voz de madrugada,
el trinar de esa canción enamorada,
arrancaste mi yugo y mis cadenas
azúcar en sajón, grama sumisa
arabesca luz de mi llamada,
quiero ser el rosal de tu alegría,
cantar las alabanzas de la vida,
tenerte en un instante floreada,
alfajor que de tu mano comiese,
cien años nuevos de poesía me darías.
Rasgaste mis vestidos, mi mirada
rompiste el corazón de madrugada,
quiero ser tu esclavo, tu juguete
el ser que me alimentes desde
mi respiro, hasta tu muerte,
en el bosque animado donde viven
los cantares, los pájaros, los rosales
y mi grito asfixiado de amor amamantado,
en tu vientre muchos años postergado.
© Igna