Gabriel C.
Poeta recién llegado
Un extraño le alcanzó la cena que había pedio. Si bien su lecho no era de lo más cómodo, lo invitó a sentarse junto a él. Compartieron una copa de vino y charlaron lo suficiente como lo hacen los amigos incipientes.
Sobre el final de la conversación unas pocas palabras alcanzaron para que le fuera prometido un futuro mejor. Sólo un tránsito doloroso por un lapso que intentaría ser lo más breve posible. Luego habría paz. Él agradeció y el extraño lo abrazó fraternalmente.
Al día siguiente, con las primeras luces del alba, ese mismo extraño, se colocó una capucha y se dirigió al cadalzo... y fue el verdugo que lo ejecutó.
Sobre el final de la conversación unas pocas palabras alcanzaron para que le fuera prometido un futuro mejor. Sólo un tránsito doloroso por un lapso que intentaría ser lo más breve posible. Luego habría paz. Él agradeció y el extraño lo abrazó fraternalmente.
Al día siguiente, con las primeras luces del alba, ese mismo extraño, se colocó una capucha y se dirigió al cadalzo... y fue el verdugo que lo ejecutó.
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