Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajaron de anochecida
a bañarse en el remanso del río,
las estrellas de mi cielo.
En la corriente fría,
por el agua trasparente y clara,
sobre los cantos rodados
de piedras milenarias,
se dejan llevar
con esa pereza lenta del río
que se entretiene cuando pasa.
Un trucha se ceba,
creyendo la estrella mariposa plateada
y se sorprende al romper la quietud
del espejo de agua y ver temblar
la brillante imagen.
De nuevo, en la calma,
se juntan las estrellas
y se cuentan historias
y chismorrean sobre la luna
que esta noche no se baña.
Una hoja,
desprendida de una rama,
recorre, como barca,
los caminos del agua
y pasa entre las estrellas
y choca contra ellas
y se ríen mientras la hoja es arrastrada.
Una estrella fugaz pasa rauda
y corren las bañistas
al cielo, su morada,
Pues quién sabe qué ángel
pasará lista en la alborada.
a bañarse en el remanso del río,
las estrellas de mi cielo.
En la corriente fría,
por el agua trasparente y clara,
sobre los cantos rodados
de piedras milenarias,
se dejan llevar
con esa pereza lenta del río
que se entretiene cuando pasa.
Un trucha se ceba,
creyendo la estrella mariposa plateada
y se sorprende al romper la quietud
del espejo de agua y ver temblar
la brillante imagen.
De nuevo, en la calma,
se juntan las estrellas
y se cuentan historias
y chismorrean sobre la luna
que esta noche no se baña.
Una hoja,
desprendida de una rama,
recorre, como barca,
los caminos del agua
y pasa entre las estrellas
y choca contra ellas
y se ríen mientras la hoja es arrastrada.
Una estrella fugaz pasa rauda
y corren las bañistas
al cielo, su morada,
Pues quién sabe qué ángel
pasará lista en la alborada.
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