F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
El arte de saber vivir
Filosófico
En un modesto rincón
de la costa malagueña
(que concretamente dicen
que eran las playas de Nerja)
se cuenta de un pescador
esta historia pintoresca:
Todos los días montaba
sobre su barca de pesca
y llegando el mediodía
regresaba con su cesta
repleta de buen pescado
para su casa y la venta.
Con tan pequeño negocio
él llenaba su despensa
sosteniendo a su familia
con evidente modestia.
Un turista americano
que, sin querer, se dio cuenta,
(y estaba de vacaciones)
de aquel trajín de la pesca
le preguntó al pescador
el tiempo que a él le cuesta
conseguir pescar los peces
que contenía la cesta.
El pescador dijo: -Poco;
unas cinco horas y media.
Mostrando curiosidad
el turista, se interesa
por conocer qué hace el hombre
con su tiempo, cómo emplea
el excedente de horas
que no utiliza en la pesca.
Y el pescador va, y le dice,
con su peculiar modestia:
-Juego un poco con mis hijos;
después de “comé”, la siesta;
por las tardes, los amigos
me esperan en la taberna
donde hablamos o jugamos
al dominó, ¡si se tercia!
Y en las noches de verano
después de tomar la cena
mi “mujé” y yo, muchas veces,
nos sentamos en la puerta
donde tomamos el fresco,
contemplando las estrellas
y hablamos de nuestras cosas
mientras que el sueño nos llega.
Oyendo la explicación
de quien vive sin problemas,
el turista no comprende
que no se tenga otra meta
y propone al pescador
darle a su vida una vuelta
y hacerlo bastante rico,
“Porque aumentando la pesca
puede tener varias barcas,
y con ellas las diversas
variedades de pescado.
Y manteniendo reservas
en cámaras frigoríficas,
creará una gran empresa”
-¿Y después qué?- le pregunta
el pescador, por sorpresa,
al sabihondo turista
que por su bien se interesa.
-Podrá vender su pescado
en los mercados de afuera
aumentando, así, el negocio
y con ello su riqueza.
-le concreta el extranjero
El pescador no se muestra
ni convencido… ni nada…
hablando de esta manera.
-¿Y qué?- pregunta de nuevo.
El americano piensa
que el pescador no comprende
por ser corto de mollera
o no ha sabido apreciar
la fortuna que le espera
y, al fin, le expone: -Después,
con una buena cartera,
su mujer será feliz,
sus hijos harán carrera,
podrá jugar más con ellos,
podrá dormir más la siesta
y hasta podrá, por las tardes,
recrearse en la taberna
charlando con los amigos
o jugando si se tercia.
Y el pescador se sonríe
dando esta fácil respuesta:
“Usté”, como americano
piensa que esto es América
y pretende que vivamos
como ustedes, de cabeza,
con el trajín de negocios
con papeles, con problemas,
peleando con los bancos
porque os persiguen las deudas
¡Maestro!, ¿sabéis “viví”?
Yo vivo de otra manera.
Yo vivo hoy, que es “mejó”
aunque viva sin cartera,
porque tengo la alegría,
de una vida más completa
con familia, con amigos,
con sosiego y con prudencia
Y así vivimos en Málaga,
y así vivimos en Nerja.
No esperamos que la “edá”
nos deje hecho una breva
“pa” “disfrutá” con los hijos,
“pa” “disfrutá” con la sieta,
“pa” “charlá” con los amigos
aunque sea en la taberna
Así es que, si le hago caso,
es porque estoy majareta.
Siga “usté” por su camino,
¡que yo sigo con mi pesca!
- - - - - - -oOo- - - - - - - -
¡Ay! ¡Cuántas veces lloramos
persiguiendo una quimera
y no damos importancia
a lo que tenemos cerca!
Ya lo expone, con razón,
la copla con esta letra:
“Si ves que se pierde el Sol,
ni llores ni sientas pena
porque el llanto impedirá
que puedas ver las estrellas”
Filosófico
En un modesto rincón
de la costa malagueña
(que concretamente dicen
que eran las playas de Nerja)
se cuenta de un pescador
esta historia pintoresca:
Todos los días montaba
sobre su barca de pesca
y llegando el mediodía
regresaba con su cesta
repleta de buen pescado
para su casa y la venta.
Con tan pequeño negocio
él llenaba su despensa
sosteniendo a su familia
con evidente modestia.
Un turista americano
que, sin querer, se dio cuenta,
(y estaba de vacaciones)
de aquel trajín de la pesca
le preguntó al pescador
el tiempo que a él le cuesta
conseguir pescar los peces
que contenía la cesta.
El pescador dijo: -Poco;
unas cinco horas y media.
Mostrando curiosidad
el turista, se interesa
por conocer qué hace el hombre
con su tiempo, cómo emplea
el excedente de horas
que no utiliza en la pesca.
Y el pescador va, y le dice,
con su peculiar modestia:
-Juego un poco con mis hijos;
después de “comé”, la siesta;
por las tardes, los amigos
me esperan en la taberna
donde hablamos o jugamos
al dominó, ¡si se tercia!
Y en las noches de verano
después de tomar la cena
mi “mujé” y yo, muchas veces,
nos sentamos en la puerta
donde tomamos el fresco,
contemplando las estrellas
y hablamos de nuestras cosas
mientras que el sueño nos llega.
Oyendo la explicación
de quien vive sin problemas,
el turista no comprende
que no se tenga otra meta
y propone al pescador
darle a su vida una vuelta
y hacerlo bastante rico,
“Porque aumentando la pesca
puede tener varias barcas,
y con ellas las diversas
variedades de pescado.
Y manteniendo reservas
en cámaras frigoríficas,
creará una gran empresa”
-¿Y después qué?- le pregunta
el pescador, por sorpresa,
al sabihondo turista
que por su bien se interesa.
-Podrá vender su pescado
en los mercados de afuera
aumentando, así, el negocio
y con ello su riqueza.
-le concreta el extranjero
El pescador no se muestra
ni convencido… ni nada…
hablando de esta manera.
-¿Y qué?- pregunta de nuevo.
El americano piensa
que el pescador no comprende
por ser corto de mollera
o no ha sabido apreciar
la fortuna que le espera
y, al fin, le expone: -Después,
con una buena cartera,
su mujer será feliz,
sus hijos harán carrera,
podrá jugar más con ellos,
podrá dormir más la siesta
y hasta podrá, por las tardes,
recrearse en la taberna
charlando con los amigos
o jugando si se tercia.
Y el pescador se sonríe
dando esta fácil respuesta:
“Usté”, como americano
piensa que esto es América
y pretende que vivamos
como ustedes, de cabeza,
con el trajín de negocios
con papeles, con problemas,
peleando con los bancos
porque os persiguen las deudas
¡Maestro!, ¿sabéis “viví”?
Yo vivo de otra manera.
Yo vivo hoy, que es “mejó”
aunque viva sin cartera,
porque tengo la alegría,
de una vida más completa
con familia, con amigos,
con sosiego y con prudencia
Y así vivimos en Málaga,
y así vivimos en Nerja.
No esperamos que la “edá”
nos deje hecho una breva
“pa” “disfrutá” con los hijos,
“pa” “disfrutá” con la sieta,
“pa” “charlá” con los amigos
aunque sea en la taberna
Así es que, si le hago caso,
es porque estoy majareta.
Siga “usté” por su camino,
¡que yo sigo con mi pesca!
- - - - - - -oOo- - - - - - - -
¡Ay! ¡Cuántas veces lloramos
persiguiendo una quimera
y no damos importancia
a lo que tenemos cerca!
Ya lo expone, con razón,
la copla con esta letra:
“Si ves que se pierde el Sol,
ni llores ni sientas pena
porque el llanto impedirá
que puedas ver las estrellas”
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