¿Y si vivir no fuera poseer,
sino desaprender el exceso?
Hay quienes no buscan reflectores,
porque intuyen que la luz verdadera
no se proyecta hacia afuera,
sino que arde en lo invisible.
No desean cenas de etiqueta,
prefieren el fuego lento de una brasa,
el alimento que nutre sin protocolo.
¿Quién definió el éxito como ruido?
Hay almas que eligen la cima silenciosa,
donde no llegan las bocinas ni los aplausos,
pero sí las estrellas.
No se embellecen para otros,
pues han visto que el cuerpo cambia
y que lo eterno nunca estuvo en la piel.
El espejo no es oráculo,
ni el reconocimiento, redención.
¿No es acaso la vejez
una forma de sabiduría que se disfraza de arruga?
Hay sonrisas que nacen del vacío,
de haber perdido y aun así seguir cantando.
No compiten por ser deseadas,
no quieren ser premio de nadie.
Quieren ser verdad.
Quieren ser.
Valoran lo antiguo, lo imperfecto,
lo que guarda historia en sus grietas.
Mientras otros codician lo ajeno,
ellos celebran lo poco,
porque saben que lo esencial
no está en el precio,
sino en el pulso.
Preguntan para no responder,
observan para entender el silencio.
Viven sin escapar de la muerte,
porque ya han hecho las paces
con lo transitorio.
Y así, en cada flor silvestre,
en cada auto viejo,
en cada pregunta sin fin,
habitan una filosofía simple:
que vivir no es tenerlo todo,
sino ser uno con todo
aunque no se tenga nada.
-Dior
sino desaprender el exceso?
Hay quienes no buscan reflectores,
porque intuyen que la luz verdadera
no se proyecta hacia afuera,
sino que arde en lo invisible.
No desean cenas de etiqueta,
prefieren el fuego lento de una brasa,
el alimento que nutre sin protocolo.
¿Quién definió el éxito como ruido?
Hay almas que eligen la cima silenciosa,
donde no llegan las bocinas ni los aplausos,
pero sí las estrellas.
No se embellecen para otros,
pues han visto que el cuerpo cambia
y que lo eterno nunca estuvo en la piel.
El espejo no es oráculo,
ni el reconocimiento, redención.
¿No es acaso la vejez
una forma de sabiduría que se disfraza de arruga?
Hay sonrisas que nacen del vacío,
de haber perdido y aun así seguir cantando.
No compiten por ser deseadas,
no quieren ser premio de nadie.
Quieren ser verdad.
Quieren ser.
Valoran lo antiguo, lo imperfecto,
lo que guarda historia en sus grietas.
Mientras otros codician lo ajeno,
ellos celebran lo poco,
porque saben que lo esencial
no está en el precio,
sino en el pulso.
Preguntan para no responder,
observan para entender el silencio.
Viven sin escapar de la muerte,
porque ya han hecho las paces
con lo transitorio.
Y así, en cada flor silvestre,
en cada auto viejo,
en cada pregunta sin fin,
habitan una filosofía simple:
que vivir no es tenerlo todo,
sino ser uno con todo
aunque no se tenga nada.
-Dior