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El arbol

Me asustas, en la finca tengo que cortar algunos y con este siniestro aviso es para pensarlo. Bueno lo hago por mandato de mi padre que quiere plantar otros y no por que me resultan maléficos, despues de pedirle perdón. Digo esto porque le tengo un gran amor a la naturaleza y mi casa está rodeada de esos verdes amigos a los que aprecio tanto como los humanos.
Felicidades por el merecido premio de Poeta del Mes y por tu magistral forma de escribir y por tu gran desinterés al compartir tu magistral obra.
Mis estrellas y un fraternal abrazo.
Castro.
 
El diablo es un ser intemporal y por supuesto que existe mi querida Osita. Todos llevamos en nuestro interior al diablo, algunos tan solo a él llevan, según las barbaridades que hacen. En mis relatos siempre intento romper con lo establecido, es como dar un golpe sobre la mesa y gritar:¡Basta! ¡No es oro todo lo que reluce! ¡Este mundo no es de color de rosa! Gracias mi querida amiga por tu amistad y tu fidelidad con mis escritos. Un beso fuerte, amiga.

 
Querido dulcinista... ¡Cuánta imaginación! maravilloso leerte, creo que no haré mucho caso a la sombra de los arboles, sera mejor para no temer, por otro lado si resucitaran muchos de ellos con toda la razón querrian deshacerse de algunis humanos,,, un placer leerte, un gran abrazo y estrellas!!
 
wow que terrorifico de principio a fin muy buen relato con buenos argumentos que hacen amena la lectura y con
ganas de seguir leyendo, felicitaciones,repu y estrellas por supuesto para vos.
 
Tus escritos siempre tienen el sortilegio de atraparme , me gustan las historias que cuentas y como las cuentas . Estrellitas y mi cariño.






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El señor Granz compró una casa cercana a un frondoso bosque. Llevaba mucho tiempo soñando con vivir rodeado por la naturaleza. Pero las cosas no siempre son como soñamos. Un viejo cedro daba sombra a la casa. Al principio le agradó la majestuosidad del árbol. Muchos pájaros vivían en él. Le gustaba sentarse bajo su sombra a leer o a dormir la siesta en verano, pero poco a poco fue cogiéndole odio al árbol porque los pájaros dejaban caer sus excrementos sobre la entrada de la casa. Además, comenzó a obsesionarse con que la sombra del árbol dibujaba algo terrorífico. Decidió cortarlo. Al primer hachazo, se dio cuenta de que la tarea no le iba a resultar nada fácil, ya que el hacha rebotó como si el tronco fuese de hierro. A pesar de esto, no persistió de su empeño. Seguía obsesionado con que su sombra era terrorífica. Creyó notar algo maléfico cuando se cobijaba bajo la sombra del cedro. Desde hacía algún tiempo su salud no era buena. Llegó a la conclusión de que sus problemas empezaron cuando llegó a la casa. Era necesario tirar el árbol abajo. Así pensaba que se acabarían todos sus problemas. Un día, vio salir de su frondosa copa un pájaro extraño. Nunca había visto pájaros de ese tamaño. Era negro y con unas enormes alas rojas. Poco después vio con asombro que el tamaño del árbol había disminuido considerablemente. Arañó su madera y comprobó que era como la de cualquier árbol. El extraño pájaro revoloteaba constantemente alrededor de la casa. El árbol continuaba disminuyendo su tamaño. Cuando tuvo la altura de un plantón el señor Granz lo arrancó. Se sentía exultante por haberse deshecho del árbol. Ya no temería a su sombra. Pero ocurrió una especie de milagro: donde había estado el cedro había crecido un nuevo arbolito. Intentó arrancarlo y no pudo. Quiso partirlo y no fue capaz. Aumentaba su tamaño rápidamente. En una semana tuvo el grosor y la altura del anterior. Volvió a temer a la sombra que el árbol proyectaba. Un día, mientras intentaba derribarlo con el hacha, vio que el extraño pájaro se abalanzaba volando contra él. Se agachó para esquivarlo, pero una de las garras le hizo una herida en la cara. Pensó que era un pequeño rasguño sin importancia. Al día siguiente fue incapaz de levantarse. Tenía fiebre y se encontraba muy débil. Pasó toda la mañana acostado, adormecido. Al atardecer, oyó ruidos en la casa. Vio con terror que el extraño pájaro entraba en la habitación. Andaba como un hombre. Tenía manos y pies provistos de una enormes y afiladas garras. En la mano derecha llevaba el hacha con la que el señor Granz había intentado cortar los árboles. Quiso levantarse, pero no pudo. Vio los enormes ojos del pájaro fijos en él. Eran de un brillante color rojizo, sanguinolentos. El pájaro levantó el hacha y le seccionó las manos. El señor Granz se desmayó por el dolor. Por una ventana abierta entraba el viento que al silbar producía en la copa del árbol una extraña música. El sol se estaba ocultando. El señor Granz no pudo ver la puesta de sol porque estaba muerto. Era un difunto extraño, un guiñapo monstruoso, con una cara horrenda y con las manos cortadas. Alguna vez fue un hombre que soñaba con vivir en la naturaleza. Ahora tan solo era un pobre muerto monstruoso.


Eladio Parreño Elías
25-Septiembre-2011
 
Espectacular fantasia
¿O no tan fantasia?
Inquietante historia y
de largas pensaderas...
Muy bueno eeeh,
he disfrutado leyendo,
encantado en totalidad.
Te saludo
 
Pero Dulcinista,¡cómo me haces esto!,me encanta la naturaleza y soy terriblemente miedosa,y ahora ¿cómo voy a conciliar el sueño??????
Sin duda una historia para no dormir,muy bien aderezada con brillantes imágenes.
Un gusto pasar,
un beso.
 
NO hay nada más aterrador que nuestros propios pensamientos, oscuros cuando algo nos molesta o estorba, pero cuando nos complace el sol no brilla más que nuestra propia alma, su pecaminoso deseo se convirtió en realidad, ojo por ojo. excelente, eres mi héroe

besos Natzume
 
Excelente prosa! mis felicidades para ti.
Cada verso hace que te sumerjas en esta historia, mas no deja que te desligues de ella hasta el final!
Saludos cordiales!
 
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