F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
El árbol perece, el fruto, no
Desconozco cómo, dónde ni cuándo,
pero sé que hay un « DIA» que existe ciertamente
como existe la piedra, el alma y el rayo,
y la campiña alegre,
y ese DIA, que es sólo mío, se hallará sentado
en la margen del camino, sin prisas, paciente,
sabiendo que, tarde o temprano,
pasaré diligente.
Y pasaré distraído, sin tristeza ni asustado,
sin ningún bagaje de rencor latente
ni siquiera apesadumbrado
como otras veces.
OooOooO
La ruta que vengo andando
no será cualquiera ni estará torcida...
que fue trazada con gran cuidado
desde el mismo instante que abrí mis ojos a la vida.
Y he de pasar desnudo y despojado
de cuanto haya tenido. Y ya sin ambiciones ni malicia,
es decir, limpio de pasiones y pecados.
Sé que cuando llegue «ese día»,
el hoy, será pasado.
¡Y me cuesta tanto pensar que, todavía
siendo hoy, como estoy, como estamos,
que podemos ver este sol insultante de alegría
y este entorno cotidiano
en el que se respira
y en el que proyectamos...
y cuando llegue ese instante, y se me diga:
-Hasta aquí has llegado...
deja en el camino tus amores y rencillas!
¡Dios, mío, me cuesta tanto
pensar que, a partir del siguiente día,
el sol seguirá alumbrando,
el viento seguirá moviendo florecillas,
y seguirán siendo alegres los trinos de los pájaros
y la gente seguirá tomando, con prisas...
el desayuno para ir al trabajo!
¡Y seguirá... y seguirá la vida
tal como si nada hubiese pasado...!
Y sólo una huella permanecerá viva
y recordando
que estuve aquí: Estará vacía...
mi mesa de despacho,
confidente de versos y manías,
y el libro emborronado,
con mis bien intencionadas poesías,
y mi ordenador, longevo y cansado,
que, si nadie lo precisa,
seguirá por los siglos de los siglos apagado.
Desconozco cómo, dónde ni cuándo,
pero sé que hay un « DIA» que existe ciertamente
como existe la piedra, el alma y el rayo,
y la campiña alegre,
y ese DIA, que es sólo mío, se hallará sentado
en la margen del camino, sin prisas, paciente,
sabiendo que, tarde o temprano,
pasaré diligente.
Y pasaré distraído, sin tristeza ni asustado,
sin ningún bagaje de rencor latente
ni siquiera apesadumbrado
como otras veces.
OooOooO
La ruta que vengo andando
no será cualquiera ni estará torcida...
que fue trazada con gran cuidado
desde el mismo instante que abrí mis ojos a la vida.
Y he de pasar desnudo y despojado
de cuanto haya tenido. Y ya sin ambiciones ni malicia,
es decir, limpio de pasiones y pecados.
Sé que cuando llegue «ese día»,
el hoy, será pasado.
¡Y me cuesta tanto pensar que, todavía
siendo hoy, como estoy, como estamos,
que podemos ver este sol insultante de alegría
y este entorno cotidiano
en el que se respira
y en el que proyectamos...
y cuando llegue ese instante, y se me diga:
-Hasta aquí has llegado...
deja en el camino tus amores y rencillas!
¡Dios, mío, me cuesta tanto
pensar que, a partir del siguiente día,
el sol seguirá alumbrando,
el viento seguirá moviendo florecillas,
y seguirán siendo alegres los trinos de los pájaros
y la gente seguirá tomando, con prisas...
el desayuno para ir al trabajo!
¡Y seguirá... y seguirá la vida
tal como si nada hubiese pasado...!
Y sólo una huella permanecerá viva
y recordando
que estuve aquí: Estará vacía...
mi mesa de despacho,
confidente de versos y manías,
y el libro emborronado,
con mis bien intencionadas poesías,
y mi ordenador, longevo y cansado,
que, si nadie lo precisa,
seguirá por los siglos de los siglos apagado.
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