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El apesadumbrado cuento de J.T.

Cuentista

Silencio, un cuento.




EL APESADUMBRADO CUENTO DE J.T.



Con la fuerza de mi breve juventud
demostré ser fiel a la endeble valentía
y creyendo a tientas, en mi mente podrida
preguntar a la muerte quería...
— ¿Tal como el agua es capaz de ahogarla,
capaz soy yo de amarla?
Vivía así, en pensamiento incandescente
pues sin poder entenderme, crecía la duda
fueron aquellos días... aquellas noches de aburrida luna
cuando con alcohol a mi corazón dormía,
¿Cuánto? ¿cuánto la amaría?
Busqué a la muerte allá donde moran los difuntos
mas con mi vida aún latente, no la hallé
y la pregunta seguía
era cierto, mi corazón nombrado, tañía en rojo
como brutos cascabeles y más lo hacía por ella.
La apodada “Amada” en humo febril
se gastaba imaginándola a cada amodorramiento
y así, en cada sueño,
siempre en marfil vestida
decía su nombre con serena voz musitada
alargando el tiempo soñado.
Ella, la que no existía además de en mis sueños
ya no estaba al sobrio despertar
solitario quedaba, sin la blanca aparición.
¿Cómo amar a un alma soñada por mí?
Del acantilado que apuntaba ciego al mar
no importaba el vicioso olor del agua
empuñado al precipicio tan solo un instante dudé
tan solo... como yo
mi sueño se quedaba en otro sueño, y fue saltar.
Vi caer la muerte en los roces de la escarpa
pude verla pellizcada a mi espinazo
y al posarme sobre olas que estallaban junto a mí
más la vi.
Dime muerte, sé si puedes complaciente
— ¿Soy capaz de amar aun cuán solo una ilusión?
Y dijo la muerte.
—Tan capaz, que por ella yaceremos en profundo bajo el mar.



“Cuentista 2016”
 
Última edición:



EL APESADUMBRADO CUENTO DE J.T.



Con la fuerza de mi breve juventud
demostré ser fiel a la endeble valentía
y creyendo a tientas, en mi mente podrida
preguntar a la muerte quería...
— ¿Tal como el agua es capaz de ahogarla,
capaz soy yo de amarla?
Vivía así, en pensamiento incandescente
pues sin poder entenderme, crecía la duda
fueron aquellos días... aquellas noches de aburrida luna
cuando con alcohol a mi corazón dormía,
¿Cuánto? ¿cuánto la amaría?
Busqué a la muerte allá donde moran los difuntos
mas con mi vida aún latente, no la hallé
y la pregunta seguía
era cierto, mi corazón nombrado, tañía en rojo
como brutos cascabeles y más lo hacía por ella.
La apodada “Amada” en humo febril
se gastaba imaginándola a cada amodorramiento
y así, en cada sueño,
siempre en marfil vestida
decía su nombre con serena voz musitada
alargando el tiempo soñado.
Ella, la que no existía además de en mis sueños
ya no estaba al sobrio despertar
solitario quedaba, sin la blanca aparición.
¿Cómo amar a un alma soñada por mí?
Del acantilado que apuntaba ciego al mar
no importaba el vicioso olor del agua
empuñado al precipicio tan solo un instante dudé
tan solo... como yo
mi sueño se quedaba en otro sueño, y fue saltar.
Vi caer la muerte en los roces de la escarpa
pude verla pellizcada a mi espinazo
y al posarme sobre olas que estallaban junto a mí
más la vi.
Dime muerte, sé si puedes complaciente
— ¿Soy capaz de amar aun cuán solo una ilusión?
Y dijo la muerte.
—Tan capaz, que por ella yaceremos en profundo bajo el mar.



“Cuentista 2016”

Un poema cuento enmarcado en un sueño que a pesar de la oscuridad del tema no es motivo para quitarle el enorme mérito y la sobresaliente calidad que atesora.
Mi aplauso a tu excelente trabajo poético, amigo Cuentista.
Abrazos
 



EL APESADUMBRADO CUENTO DE J.T.



Con la fuerza de mi breve juventud
demostré ser fiel a la endeble valentía
y creyendo a tientas, en mi mente podrida
preguntar a la muerte quería...
— ¿Tal como el agua es capaz de ahogarla,
capaz soy yo de amarla?
Vivía así, en pensamiento incandescente
pues sin poder entenderme, crecía la duda
fueron aquellos días... aquellas noches de aburrida luna
cuando con alcohol a mi corazón dormía,
¿Cuánto? ¿cuánto la amaría?
Busqué a la muerte allá donde moran los difuntos
mas con mi vida aún latente, no la hallé
y la pregunta seguía
era cierto, mi corazón nombrado, tañía en rojo
como brutos cascabeles y más lo hacía por ella.
La apodada “Amada” en humo febril
se gastaba imaginándola a cada amodorramiento
y así, en cada sueño,
siempre en marfil vestida
decía su nombre con serena voz musitada
alargando el tiempo soñado.
Ella, la que no existía además de en mis sueños
ya no estaba al sobrio despertar
solitario quedaba, sin la blanca aparición.
¿Cómo amar a un alma soñada por mí?
Del acantilado que apuntaba ciego al mar
no importaba el vicioso olor del agua
empuñado al precipicio tan solo un instante dudé
tan solo... como yo
mi sueño se quedaba en otro sueño, y fue saltar.
Vi caer la muerte en los roces de la escarpa
pude verla pellizcada a mi espinazo
y al posarme sobre olas que estallaban junto a mí
más la vi.
Dime muerte, sé si puedes complaciente
— ¿Soy capaz de amar aun cuán solo una ilusión?
Y dijo la muerte.
—Tan capaz, que por ella yaceremos en profundo bajo el mar.



“Cuentista 2016”
Por causa de "tu apodada amada" hasta la muerte te responde. Saludos cordiales para ti Cuentista.
 
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