IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Brilla la espada en tu pecho,
¡te escabulles gloria!
como si la victoria fuera algo insignificante,
y es que
no nos cuestionamos ni la derrota,
corremos ciegos,
con la entereza a punto de ser decapitada,
batallamos con las ganas de morir,
porque a la vida se la conoce
una sola vez,
y aún así las guerras se ganan,
robándole el tiempo al débil,
otorgándole su sangre al supremo,
no hay rey que se cuestione,
ni hombre sin escudo,
ni espada sin filo,
la colosa batalla se cierne desde los cielos,
aguarda la ira de dios,
se desparramará sigilosa,
por los siglos de los siglos,
será el sendero de los días,
la guadaña, y las últimas noches,
será lo que la vida, avara, ansíe,
lo que la huida tema,
y no escapará,
ella tendrá siempre la última palabra,
la muerte será
lo que ella desee.
¡te escabulles gloria!
como si la victoria fuera algo insignificante,
y es que
no nos cuestionamos ni la derrota,
corremos ciegos,
con la entereza a punto de ser decapitada,
batallamos con las ganas de morir,
porque a la vida se la conoce
una sola vez,
y aún así las guerras se ganan,
robándole el tiempo al débil,
otorgándole su sangre al supremo,
no hay rey que se cuestione,
ni hombre sin escudo,
ni espada sin filo,
la colosa batalla se cierne desde los cielos,
aguarda la ira de dios,
se desparramará sigilosa,
por los siglos de los siglos,
será el sendero de los días,
la guadaña, y las últimas noches,
será lo que la vida, avara, ansíe,
lo que la huida tema,
y no escapará,
ella tendrá siempre la última palabra,
la muerte será
lo que ella desee.