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el angel de la luna

Syd Carlyle

Poeta recién llegado
El mundo se me deforma en una música,
y ante mi falta de palabras, prosigo caminando.
Entre el espíritu del sol y del aire, por las calles,
transitan los seres como flotando en un sueño.
Siento que sus rostros ya los conozco de antes,
que un día, un día remoto y desconocido,
ya perdí a estas personas con las que hoy me comprendo.
El angel de la luna ha descendido sobre estas calles,
y enfría las aceras con la sombra negra de sus ojos.
Acaricia penetrando con sus lánguidos dedos las almas,
las vidas de los pobres condenados que caminan conmigo.
Siento la sombra en los rostros de los niños desdichados,
que juegan con gracia a la puerta de la escuela, y viven,
indiferentemente unos de otros, en el alma de lo claro.
La cálida luz del sol oscurece, y un rumor vago y frío,
de pálida voz, se extiende por entre los rostros que se suceden,
mientras que, las voces de los niños, se funden en un coro
que se eleva centelleando hacia el vértice del universo.
La ciudad cobra un sentido que no alcanzo a comprender,
el mundo se transmuta en un monstruoso enigma cambiante,
y en este ritmo incesante de gentes, en esta vertiginosa marea,
se superponen otras gentes que ya estuvieron, y otras que vendrán,
mientras que los edificios de espejo se convierten en templos,
y las casitas de colores de la calle La Palma en huevos de metal.
Se ha desequilibrado el tiempo con esta música terrible,
y estoy corriendo con el ritmo del mundo.
Prosigo caminando, hundido en el corazón de estas calles,
y las voces, los perfumes, las luces, el revoloteo de almas,
la cálida disposición de las cosas, el transcurrir de la vida,
me llegan como un cuento, me adormecen, y me embriagan.
Me hundo en mi mismo, y me fundo con esta calle de Madrid.
No soy ni puedo ser más que lo que ahora veo y siento.
Mi alma es una con el vendedor de loterías ciego de la esquina,
que grita palabras que sin quererlo salen de mi boca.
Mi alma es una con las dos monjas que han cruzado, y con la inocencia,
la verdad, la profunda calma y bondad que levita de sus cabezas.
Mi alma es una con el estafador, y con el pobre, y con el gitano,
y el perro, el abogado, el funcionario, el barbero, la camarera,
y me vacío, y los encarno, jugando como jugaba antaño,
lejos de aquí, sentado al claro de la infancia.
Soy ahora uno con todos ellos,
y la musica sigue sonando...
 
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