F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
El amor… en la cartera
Fábula
Se cuenta que hubo un médico francés
soberbio, fiel y espléndido científico
que un día venturoso de algún mes
trajeron a consulta, un caso clínico
difícil de curar: joven mujer
con tos desesperada: un caso típico
de cierta enfermedad sin resolver
El médico estudió desde un principio
y puso su amor propio, su interés.
Y, al fin, logró, vencer el maleficio
de aquella enfermedad de Lucifer
curando, a aquella joven, con su oficio.
La madre agradecida de la joven
queriendo compensar a la «lumbrera»
la cura de su hija (ya no tose),
le quiso regalar una cartera
de piel de cocodrilo. Mas entonces
el médico ofendido no la acepta
porque “«con los regalos no se come
y él es profesional, que bien se precia,
cobrando sus minutas con «doblones» “
Pregunta, arrepentida, y con prudencia,
el precio de sus gratas curaciones.
El médico precisa la moneda
y escribe la minuta de la joven,
fijando cierta cifra… con largueza,
mostrando aquel prestigio de doctores
que, cuanto más aumentan sus recetas,
parece, de este modo, ser mejores.
La madre de la joven con paciencia
se puso a preparar, con mil amores,
la gran minuta médica que muestra
aquel digno doctor con ambiciones.
Tomó de nuevo, pues, la tal cartera
extrajo de la misma exacto importe
y el resto, que sobraba, se lo queda.
- - - - - - - Moraleja - - - - - - - - - -
Quien nunca quiere ser agradecido
y muestra de esta guisa su torpeza
merece que le paguen solamente
la parte material, de tal manera,
que guarde el bienhechor aquel exceso
de amor que siempre da… con la cartera.
Fábula
Se cuenta que hubo un médico francés
soberbio, fiel y espléndido científico
que un día venturoso de algún mes
trajeron a consulta, un caso clínico
difícil de curar: joven mujer
con tos desesperada: un caso típico
de cierta enfermedad sin resolver
El médico estudió desde un principio
y puso su amor propio, su interés.
Y, al fin, logró, vencer el maleficio
de aquella enfermedad de Lucifer
curando, a aquella joven, con su oficio.
La madre agradecida de la joven
queriendo compensar a la «lumbrera»
la cura de su hija (ya no tose),
le quiso regalar una cartera
de piel de cocodrilo. Mas entonces
el médico ofendido no la acepta
porque “«con los regalos no se come
y él es profesional, que bien se precia,
cobrando sus minutas con «doblones» “
Pregunta, arrepentida, y con prudencia,
el precio de sus gratas curaciones.
El médico precisa la moneda
y escribe la minuta de la joven,
fijando cierta cifra… con largueza,
mostrando aquel prestigio de doctores
que, cuanto más aumentan sus recetas,
parece, de este modo, ser mejores.
La madre de la joven con paciencia
se puso a preparar, con mil amores,
la gran minuta médica que muestra
aquel digno doctor con ambiciones.
Tomó de nuevo, pues, la tal cartera
extrajo de la misma exacto importe
y el resto, que sobraba, se lo queda.
- - - - - - - Moraleja - - - - - - - - - -
Quien nunca quiere ser agradecido
y muestra de esta guisa su torpeza
merece que le paguen solamente
la parte material, de tal manera,
que guarde el bienhechor aquel exceso
de amor que siempre da… con la cartera.
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