mariano dupont
Poeta fiel al portal
Navegaba de perfil
y sin rumbo fijo
con agua calma
o con mar difícil
un bizarro pirata.
Por fuera asustaba
pero su corazón
todo lo daba
y tenía el alma de plata.
Estaba enamorado de la Luna
y suspiraba
mirando su cara dorada.
El casco de su barco
estaba hecho de roble
con toneles
de vino noble
que conservando su regio aroma
perfumaban desde la popa hasta la proa.
Las velas de su bajel eran de papel
el era cocinero y era timonel
resolvía sobre los rumbos
miraba la brújula
y se enfrentaba a los vientos.
Con una escoba de peces
barría la cubierta cien veces
desde el alba
hasta el anochecer.
Y le ocupaba tiempo
el cuidado del velamen
que con la lluvia se empapaba
y con el viento se rasgaba.
Tenia su barco dos cañones por banda
de porcelana de la China
que eran ornamento de babor
tanto como de estribor.
Y por frágiles y bellos
no disparaban pólvora
los cañones aquellos
sino por el contrario
los lustraba a diario
con seda estampada
como la que lucen
las bellas damas italianas.
Llevaba el aventurero una barba desgreñada
que era pelirroja y entrecana.
Un ojo era de esmeralda
y tenia un diente de rubí
y otro de diamante.
Portaba espada de juncos
con puño de cristal
y siempre supo enfrentar
hasta al mas fiero vendaval.
Donde le faltaba la mano
se veía un garfio de oro
bien lustrado
y la punta engarzada
con una perla que encantaba.
Calzaba bota en una pierna
con la suela agujereada
y la otra se apoyaba
en una pata de madera colorada.
Acariciaba su piel
el aura que empujaba su bajel.
Y buscaba afanoso
mirando hacia la Luna
un beso ardoroso.
Era apasionado este pirata
y habiéndolo llamado
una sirena con su canto claro
de ella quedo prendado
olvidando que estaba enamorado.
Pero la Luna celosa
conociendo historias de barcos
que se estrellaban en las rocas filosas
extendió sus brazos de nácar brillante
y rescatando al bucanero inconstante
de las perversas sirenas
devolvió al pirata a su nave.
Y queriendo complacer al navegante
le regalo velas de seda fina
para que cambiara las de papel...
y le dio alfombras de Persia
para que adornara su bajel.
A pesar de la atenta mirada lunar
una sirenita joven
que renegaba de la maldad de las demás sirenas
y que sonreía y se sonrojaba
se acerco al pirata
y acariciándole la barba hirsuta
le dio un beso de amor
dejándolo encantado para siempre
al intrépido aventurero del mar.
Desde entonces jamás se separaron
y vivieron juntos
esa aventura enamorada...
el pirata que tenia
una pata de madera colorada
y la sirenita que se ruborizaba.
Ambos emprendieron el viaje sin fin
a la mítica región de Trapalanda.
Y en esa eterna luna de miel
no comieron perdices
porque no encontraron
pero fueron muy felices.
Colorin...colorado...
solo por ahora...
este cuento se ha acabado.
..............................................................
de ella quedo prendado
y sin rumbo fijo
con agua calma
o con mar difícil
un bizarro pirata.
Por fuera asustaba
pero su corazón
todo lo daba
y tenía el alma de plata.
Estaba enamorado de la Luna
y suspiraba
mirando su cara dorada.
El casco de su barco
estaba hecho de roble
con toneles
de vino noble
que conservando su regio aroma
perfumaban desde la popa hasta la proa.
Las velas de su bajel eran de papel
el era cocinero y era timonel
resolvía sobre los rumbos
miraba la brújula
y se enfrentaba a los vientos.
Con una escoba de peces
barría la cubierta cien veces
desde el alba
hasta el anochecer.
Y le ocupaba tiempo
el cuidado del velamen
que con la lluvia se empapaba
y con el viento se rasgaba.
Tenia su barco dos cañones por banda
de porcelana de la China
que eran ornamento de babor
tanto como de estribor.
Y por frágiles y bellos
no disparaban pólvora
los cañones aquellos
sino por el contrario
los lustraba a diario
con seda estampada
como la que lucen
las bellas damas italianas.
Llevaba el aventurero una barba desgreñada
que era pelirroja y entrecana.
Un ojo era de esmeralda
y tenia un diente de rubí
y otro de diamante.
Portaba espada de juncos
con puño de cristal
y siempre supo enfrentar
hasta al mas fiero vendaval.
Donde le faltaba la mano
se veía un garfio de oro
bien lustrado
y la punta engarzada
con una perla que encantaba.
Calzaba bota en una pierna
con la suela agujereada
y la otra se apoyaba
en una pata de madera colorada.
Acariciaba su piel
el aura que empujaba su bajel.
Y buscaba afanoso
mirando hacia la Luna
un beso ardoroso.
Era apasionado este pirata
y habiéndolo llamado
una sirena con su canto claro
de ella quedo prendado
olvidando que estaba enamorado.
Pero la Luna celosa
conociendo historias de barcos
que se estrellaban en las rocas filosas
extendió sus brazos de nácar brillante
y rescatando al bucanero inconstante
de las perversas sirenas
devolvió al pirata a su nave.
Y queriendo complacer al navegante
le regalo velas de seda fina
para que cambiara las de papel...
y le dio alfombras de Persia
para que adornara su bajel.
A pesar de la atenta mirada lunar
una sirenita joven
que renegaba de la maldad de las demás sirenas
y que sonreía y se sonrojaba
se acerco al pirata
y acariciándole la barba hirsuta
le dio un beso de amor
dejándolo encantado para siempre
al intrépido aventurero del mar.
Desde entonces jamás se separaron
y vivieron juntos
esa aventura enamorada...
el pirata que tenia
una pata de madera colorada
y la sirenita que se ruborizaba.
Ambos emprendieron el viaje sin fin
a la mítica región de Trapalanda.
Y en esa eterna luna de miel
no comieron perdices
porque no encontraron
pero fueron muy felices.
Colorin...colorado...
solo por ahora...
este cuento se ha acabado.
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de ella quedo prendado
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