poetakabik
Poeta veterano en el portal
¿Acaso no es el lugar un ser que respira,
un latido en el vacío que sentimos vibrar?
Cada rincón que habitamos se nutre de nuestra esencia,
como si la materia esperase nuestro paso
para despertar del sueño de su inercia.
No es solo piedra, madera, o aire en calma,
es la presencia que otorgamos, el hilo invisible
que une lo tangible con lo que somos.
Al dejarlo, no es el lugar el que se vacía,
somos nosotros quienes nos dividimos,
dejando atrás la parte que vivió en su luz,
en su eco, en la atmósfera que compartimos.
Cada vez que habitamos, el espacio toma vida
a través de nuestras miradas, de nuestros sueños.
El tiempo, indiferente, sigue su curso,
pero el lugar retiene una vibración eterna,
como un espejo que recuerda lo que ya no es.
¿Quién extraña a quién en esta despedida?
El lugar se transforma con nuestra ausencia,
pero su alma, tejida con nuestras huellas,
nos espera en el pliegue de sus sombras,
en el rincón donde el silencio guarda
la memoria de lo invisible.
Así, al marcharnos,
no solo dejamos atrás un lugar,
dejamos una parte de nosotros
en la eternidad de lo que nunca muere.
un latido en el vacío que sentimos vibrar?
Cada rincón que habitamos se nutre de nuestra esencia,
como si la materia esperase nuestro paso
para despertar del sueño de su inercia.
No es solo piedra, madera, o aire en calma,
es la presencia que otorgamos, el hilo invisible
que une lo tangible con lo que somos.
Al dejarlo, no es el lugar el que se vacía,
somos nosotros quienes nos dividimos,
dejando atrás la parte que vivió en su luz,
en su eco, en la atmósfera que compartimos.
Cada vez que habitamos, el espacio toma vida
a través de nuestras miradas, de nuestros sueños.
El tiempo, indiferente, sigue su curso,
pero el lugar retiene una vibración eterna,
como un espejo que recuerda lo que ya no es.
¿Quién extraña a quién en esta despedida?
El lugar se transforma con nuestra ausencia,
pero su alma, tejida con nuestras huellas,
nos espera en el pliegue de sus sombras,
en el rincón donde el silencio guarda
la memoria de lo invisible.
Así, al marcharnos,
no solo dejamos atrás un lugar,
dejamos una parte de nosotros
en la eternidad de lo que nunca muere.