danie
solo un pensamiento...
Andrógina bilis segrega el tálamo del cuerpo,
clama y amolda la indolencia de cuando germinaste
en aquel virulento modelo del recóndito Erebo,
con tus equitativos sortilegios, tu perfil efebo
y tus senos distintivos, encandilando a mis luceros.
Lobreguez y albor, pezón y polvillo de una mies fértil,
provocando en los beatos espectros
en aquel virulento modelo del recóndito Erebo,
con tus equitativos sortilegios, tu perfil efebo
y tus senos distintivos, encandilando a mis luceros.
Lobreguez y albor, pezón y polvillo de una mies fértil,
provocando en los beatos espectros
la inspiración a la transgresión del cuerpo,
bajo la agitada túnica escarlata de un viril Dios mancebo.
Lívidas mamolas y alabanzas a una atalaya empalidecida,
escarchas de un simún que me congelan en los adentros
¡Es la venganza de la vil Némesis!
la que alberga estas mazmorras de carne y huesos simientes.
Preludio de aliento que substrae mi aura
y hasta mi credo en la Idumea,
el medre de tu linaje, sangre incubo en cuerpo súcubo,
esencia hermafrodita de las soberanas hidalguías:
sangre añil, espíritu huraño y de matriz yerma.
Tus savias yacían y acortejabas parvo,
y eras síntesis anómala de una época ida,
fructificación malsana de una primitiva orbe.
Mi último aliento suspira
¿Quién nos salvara de tu vientre?
Putrefacción de nuestro cuerpo