“Mis oídos, no se sacian
de esa agua que brota de tu lengua;
soy el pozo de tu ombligo,
el recipiente que recoge
hasta tu último bocado,
el sacrifico inexistente que no duele
para tenerte a mi lado”
José María Ysmer Palazuelos
de esa agua que brota de tu lengua;
soy el pozo de tu ombligo,
el recipiente que recoge
hasta tu último bocado,
el sacrifico inexistente que no duele
para tenerte a mi lado”
José María Ysmer Palazuelos
ECOS EN LA SOMBRA DE TU NOMBRE
Tus dedos, río callado, recorren orillas invisibles,
trazan mapas de fuego en mi piel dormida,
y en el silencio se abre un jardín de relojes quebrados,
donde el tiempo se enreda en caricias clandestinas.
Tu aliento se vuelve tormenta que arrastra espejos,
y tus ojos, pozos de alquimia, destellan secretos,
mientras mi cuerpo se deshace en fragmentos líquidos,
flotando en un océano de gemidos que llevan tu nombre.
La noche viste su traje de sal y polvo,
mientras tus susurros dibujan constelaciones prohibidas,
y mis labios se convierten en lunas de obsidiana,
devorando el misterio que enciendes con tus labios.
Hay un humo que baila entre nuestras sombras,
envuelto en el eco de un deseo que no pide permiso,
cuerpos que se buscan como raíces en la tormenta,
atravesando el velo del sueño y lo real.
Tus manos, que escriben con dedos temblorosos,
la geografía secreta de mi entrega y mi abandono,
cada roce una plegaria que arde sin piedad,
una plegaria sin palabras, sólo respiraciones y fuegos.
En el filo de la madrugada, la piel se hace un altar,
y tu sombra, al fin, se posa como un canto sagrado,
mientras el universo conspira en un silencio denso,
donde solo existimos tú y yo, lejos de todo.
Así, en la penumbra, se teje el ritual prohibido,
el lenguaje sin apodos, sin promesas ni recuerdos,
solo la desnudez de un instante que te devora en el tiempo,
y se convierte en eternidad dentro de nosotros.
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Guadalupe Cisneros Villa
Zaragoza, España
24/6/2025
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