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Dulce sueño

danie

solo un pensamiento...
En la sigilosa noche sin remordimiento​
escuche la algarabía que trajo el viento,​
en ese desliz la encontré en su estrecho lecho​
mirando al horizonte con sus ojos indolentes y muertos.​

En el implacable y majestuoso ámbito
del aposento real y bizantino​
yacía su retrato taciturno y gótico,​
resplandeciendo con el auge de la luna​
tras los frías lumbreras y miradores rotos.​

Con las manos entrelazadas
sosteniendo un clavel y una rosa,​
había una mujer de alta alcurnia y prodigiosa​
que se confesaba con el tiempo muerto​
que escarchaba hasta mi mirada escabrosa.​

Horas que corrompían la efímera firmeza del cuerpo,
horas muertas embalsamando su esencia,​
horas que consumían la vidorria​
en el marco del sueño eterno.​

Sobre su catre descansaba la postrera sonrisa,
el fulgor de una caliginosa mirada​
y su tez nívea e inmaculada​
despidiéndose del alba pretenciosa.​

¡Por ende no parecía muerta
solo pernoctando en los altares macizos,​
durmiendo sobre la penumbra de la negritud​
y contemplando a los ángeles del paraíso!​
Me acerqué al clavel y la rosa ya marchita,​
sobre el áspero manto sombrío​
contemplando con cautela y mutismo​
aquel resplandor tibio del plenilunio en su mejilla.​

Y fue entonces que comprendí
que el albor se despertó con soberbia​
y ambición por la emancipación del infinito,​
afán de un cuerpo conociendo​
el recóndito arquetipo del difunto perdido.​

El tiempo dormía en su rostro,
su nítida estampa no se extinguía,​
el tiempo soñaba con los segundos y los siglos​
y a su rostro flemático no se percudía.​

¡Y fue qué comprendí!;
que cansada de tanto marchar​
las sombras le traerían un poco de paz.​
Y fue cuándo me marché​
pensando en esa mujer prodigiosa y rica​
y como su destino la erradico de su lasitud sentida,​
pensando y pensando llegue a reflexionar:​
que mas allá de este patrimonio mundano y existencial​
la muerte es otra opción para inmortalizarnos​
frente a la vida que nos ha de marcar.​
 
Que perfecta descripción de la muerte y el afan de seguir existiendo y convertirse en una estatua del símbolo de la misma, como una muñeca que el tiempo aniquilara, me encanto porque lleva a la reflexión, muy bueno.
No soy partidiaria del embalmamiento.
Un saludo compañero de letras
 
Creo que mientras logremos dejar una huella en la vida seremos inmortales, el cuerpo es solo materia que dura tan solo un instante del universo, lo que perdura son los hechos espirituales y del alma. Felicitaciones Danie por estos muy profundos versos, saludos poeta
 
Danie cada día me imprecionas mas con la manera tan especial diría única de relatar tus versos, el lector se queda entusiasmado leyendo cada letra que plasma,mientras, iba leyendo mas queria porque es un poema interesante , hermoso y misterioso,es un placer haber recorrido tus profundas letras,te dejo estrellas,abrazos y bendiciones.
 
caí rendida al leerlo casí un llamado al no despertar, besos
En la sigilosa noche sin remordimiento
escuche la algarabía que trajo el viento,​
en ese desliz la encontré en su estrecho lecho​
mirando al horizonte con sus ojos indolentes y muertos.​

En el implacable y majestuoso ámbito
del aposento real y bizantino​
yacía su retrato taciturno y gótico,​
resplandeciendo con el auge de la luna​
tras los frías lumbreras y miradores rotos.​

Con las manos entrelazadas
sosteniendo un clavel y una rosa,​
había una mujer de alta alcurnia y prodigiosa​
que se confesaba con el tiempo muerto​
que escarchaba hasta mi mirada escabrosa.​

Horas que corrompían la efímera firmeza del cuerpo,
horas muertas embalsamando su esencia,​
horas que consumían la vidorria​
en el marco del sueño eterno.​

Sobre su catre descansaba la postrera sonrisa,
el fulgor de una caliginosa mirada​
y su tez nívea e inmaculada​
despidiéndose del alba pretenciosa.​

¡Por ende no parecía muerta
solo pernoctando en los altares macizos,​
durmiendo sobre la penumbra de la negritud​
y contemplando a los ángeles del paraíso!​
Me acerqué al clavel y la rosa ya marchita,​
sobre el áspero manto sombrío​
contemplando con cautela y mutismo​
aquel resplandor tibio del plenilunio en su mejilla.​

Y fue entonces que comprendí
que el albor se despertó con soberbia​
y ambición por la emancipación del infinito,​
afán de un cuerpo conociendo​
el recóndito arquetipo del difunto perdido.​

El tiempo dormía en su rostro,
su nítida estampa no se extinguía,​
el tiempo soñaba con los segundos y los siglos​
y a su rostro flemático no se percudía.​

¡Y fue qué comprendí!;
que cansada de tanto marchar​
las sombras le traerían un poco de paz.​
Y fue cuándo me marché​
pensando en esa mujer prodigiosa y rica​
y como su destino la erradico de su lasitud sentida,​
pensando y pensando llegue a reflexionar:​
que mas allá de este patrimonio mundano y existencial​
la muerte es otra opción para inmortalizarnos​
frente a la vida que nos ha de marcar.​
 
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Danie ,
Que manera tan impresionante en la que has llevado
cada linea , de principio a fin , Me ha encantado ,
Cuando morimos , quedamos de alguna manera inmortalizados
en el corazón de nuestros seres queridos que hasta el final
nos llevarán dentro de su alma , esa es una manera de dejar huella
La muerte es otra opción para inmortalizarnos
frente a la vida que nos ha de marcar
Bonito día y un abrazo de Alma Sońadora !
Por el momento el sistema no permite reputación pero te la mereces :)
 
Buena y profunda reflexión nos regalas Danie.

Riquezas que se evaporan, flores que se marchitan.
Más ¿Donde van sus esencias?
¿Donde la fuente de sus sonrisas?
¡Libertad! Al desligarnos de la materia que a su fondo nos aferra.
Un placer amigo. Disfruto leyendo tu alma.
Vidal
 
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